Situación de las mujeres y disidencias sexuales en Chile

Coyuntura Política Feminismo Voces Militantes

Documento confeccionado para ponencia del “Segundo Encuentro de Mujeres de América latina y el caribe” por Nina, Yudi, Tamari (militantes de Izquierda Guevarista de Chile); modificado por esta última para esta edición

Es importante señalar antes de iniciar la contextualización que la situación de las mujeres en Chile no es muy distinta a la que sufren el conjunto de las mujeres en Latinoamérica y que si bien responde a particularidades políticas, sociales e ideológicas distintas a otros países, se inscriben dentro de la historia y sistema de dominación imperialista patriarcal internacional.

En Chile tenemos un gobierno de derecha liberal con tintes fascistas que a principios de septiembre del 2018 aprobó el proyecto de ley de género. Una reivindicación que han peleado los sectores de disidencia sexual por años. Esta aprobación no fue una concesión, fue una pequeña conquista que además se da dentro del contexto de movilización estudiantil feminista, lo cual sirve como colchón de contención para este sector en sus propias demandas.

Antes de la salida de Michelle Bachelet, en septiembre del año 2017 se aprueba la “ley de aborto”; por tres causales, una ley que por mucho tiempo estuvo en el campo de disputa entre los distintos sectores políticos burgueses y que significan una limitadísima pero importante ganada para el movimiento, dentro de las tres causales están; “riesgo de la vida de la madre, “Inviabilidad del feto”, y causal “Por violación”. A los pocos meses después de iniciada la puesta en marcha del nuevo gobierno de Sebastián Piñera, esté en un intento de frenar las concesiones y restringir los derechos de las mujeres, hace modificaciones al protocolo de “objeción de conciencia” el cual es contemplado dentro de la ley, esto quiere decir que cualquier trabajador de la salud que participe en el procedimiento puede invocar motivos éticos y religiosos para no acatar la ley y puede negarse a realizar el procesamiento; desde el inicio de la puesta en marcha de la ley se registran hasta agosto del 2018, el ingreso a distintos centro de salud de 666 casos de los cuales se llevaron a cabo 535 abortos; dentro de la causal “riesgo de vida de la madre” se registran 277 casos, 165 “por inviabilidad fetal” y 93 casos “por violación”.

Según estadísticas del Ministerio de Salud (MINSAL) se realizan 30.000 abortos al año, un estimado de 9 al día, mientras que otras organizaciones autónomas del gobierno estiman que se realizan 120.000 abortos clandestinos anualmente.

A la par con estos movidas de mano a favor de los grupos poderosos, se suma la “iniciativa” amenazante de extender la edad de jubilación “voluntaria” para las mujeres a 65 años, con el objetivo de abaratar costos en cuanto al gasto que significa pensionar a las mujeres a los 60 años, en el contexto de una realidad de pobreza y todo tipo de violencias que golpean a las mujeres proletarias en la vejez. No olvidemos que en chile el sistema de pensiones es un negocio asegurado por la dictadura militar y que el bloque político en el poder se ha asegurado de perpetuar con pequeñas modificaciones poco importantes, contexto que agudiza la feminización de la pobreza.

Por otro lado, los casos de femicidio y femicidio frustrado han demostrado la incapacidad de las políticas respecto a género para cuidar y proteger a las mujeres desde las distintas instituciones que destina el estado para tal tarea, lo cual ha generado la sensación de peligrosidad en las mujeres, lo cual ha gatillado la necesidad y mayor aceptación de que las mujeres deben y tienen que aprender a defenderse, aun sin el tinte de la organización, pues más bien es la formación individual en la autodefensa femenina.

Junto con el femicidio, femicidio frustrado y la violencia que va en alza este último tiempo, se devela un Estado fuertemente influenciado por la iglesia católica y la misoginia que no es capaz de realizar modificaciones en cuanto a conexiones reales hacia las mujeres. Pues recién en el año 2004 se da paso para el divorcio, aún no se cuenta con una ley de violencia que resguarde y asegure en algo la vida de las mujeres pobres, recién en el año 2010 se reconoce el femicidio por parte del estado como un problema real pero solo dentro del contexto de pareja sentimental, “conviviente o esposo”. En el año 2018 hubieron 42 femicidios, al día 24 de septiembre del 2019 van 34 feminicidios consumados y 80 femicidios frustrados; sin ir más allá en los últimos diez años se han asesinado a 515 mujeres en Chile, solo dentro de la categoría de femicidios, dejando fuera de estas cifras al resto de mujeres asesinadas. Estas cifras se esconden bajo la alfombra, así como la violencia, porque en un sistema democrático burgués no se ve la realidad de la barbarie misógina, y si se ve, se esconde bajo las cifras adornantes, que por cierto esconde las cifras reales en donde se nos esta matando por ser mujeres, actualmente existe un proyecto de ley que busca ampliar el femicidio y las condenas, el proyecto considera que cualquier asesinato hacia una mujer el cual sea por motivos de odio, venganza, menosprecio o abuso de género, sin importar el tipo de relación que se tenga con la víctima se considere como femicidio. Además que cuente con agravantes en caso de ensañamiento o alevosía.

Se suma al contexto, la violencia en la salud. Las estadísticas indican que existe castigo hacia las mujeres solo por el hecho de ser mujeres, específicamente en la violencia obstétrica, el cobro indiscriminado en sistemas de salud en periodos de maternidad o fertilidad, el no reconocimiento de enfermedades propias de las mujeres para descansos laborales, es decir, una vez más la dictadura de la igualdad no reconoce desigualdades de género en la esfera de la salud, lo cual genera aún más desigualdades, porque opera como si la opresión no existiera y hombres y mujeres estuviésemos en igualdad de condiciones.

Para qué hablar de la doble jornada laboral que se realiza en la casa y en el trabajo. La estadísticas nos hablan de que las mujeres de la clase trabajadores son las más precarizadas, es mano de obra barata en niveles de mayor calificación, gozan el mismo sueldo, mas no la misma responsabilidad de manutención de sobrevivencia, en el pueblo pobre que recibe el sueldo mínimo. En este sentido, el sector más endeudado y con menos posibilidades de pago son las mujeres, lo cual nos demuestra la desvalorización histórica de nuestro trabajo por el hecho de ser mujeres.

No podemos dejar de mencionar el Femicidio empresarial a  Yudy Macarena Valdés en Agosto del 2016, el cual a día de hoy esta impune, la Maca era una activista ambiental, la cual comenzó a ser un aporte en su comunidad “Newen-Tranguil” en la región de los Ríos, enseñaba sobre la conservación de la cosecha de alimentos que se dan en épocas especificas del año las cuales podían alimentar a la comunidad por el año entero, también era consciente y creaba consciencia del daño que provocaban las empresas eléctricas, fue parte activa de la lucha contra RP Global Chile Energías Renovables, la cual estaba trabajando en la instalación de una hidroeléctrica de paso en su comunidad, destruyendo cementerios, invadiendo terrenos de las comunidades mapuches, trabajadores de la empresa RP Global llegaron a la casa de la Lamngen Mónica Painemilla, dueña del terreno en donde vivía Macarena para pedirle que los desalojara, la cual no accedió, le explicitan que si insistían en quedarse a la Maca o su marido podría pasarles algo muy malo, al otro día encuentran a Macarena muerta, presuntamente se había quitado la vida. Desde hace tres años que se dice que a la Maca la mataron, hace un par de días se comprueba que fue un homicidio, el segundo informe realizado por el perito forense John Clark de la corte internacional da cuenta que Macarena fue colgada después de su muerte, siendo estrangulada con la misma cuerda que después fue colgada y encontrada, descartando finalmente el suicidio como dice el Servicio Médico Legal de Chile.

Movilizaciones y coyuntura feminista en Chile

El trabajo sistemático de muchas mujeres que silenciosamente y desde las bases venimos impulsando desde hace décadas, el año 2018 tuvo una explosión con un carácter histórico en nuestro país: miles de mujeres en todo Chile levantamos la voz desde diferentes espacios políticos, sociales, educativos, culturales, etc. para visibilizar la violencia de género y exigir el cese de esta.

Las principales demandas giraron en torno a dos grandes ejes articuladores: la educación no sexista por una parte, y el rechazo a las horrendas situaciones de violencia física y sexual que estamos viviendo en el país.

Sin dudas fueron las estudiantes, y principalmente las universitarias, las que a través de tomas, marchas y asambleas, empujaron con mayor fuerza el movimiento, visibilizando múltiples casos de abuso sexual y violencia de género por parte de docentes, trabajadores y estudiantes varones, y exigiendo su salida inmediata de los recintos educativos, además de la aplicación de un protocolo contra la violencia machista que terminara con la impunidad de los acosadores; paralelamente se exigieron demandas internas relacionadas con los contenidos de las mallas curriculares, entre otros.

La mayoría de las movilizaciones estudiantiles significó importantes victorias, los petitorios en general fueron aprobados en su mayoría y muchos abusadores se vieron en la obligación de retirarse de la mayoría de los espacios, pero no podemos invisibilizar ahora después de un año el que tan real y concreto fueron todas estas ganadas dentro de los distintos espacios.

Ante los femicidios y violaciones sistemáticas, se levantaron asambleas territoriales de mujeres, con el objetivo de construir espacios seguros para quienes habitamos las poblaciones.

Todo lo anterior fue posible gracias a la acción articulada de mujeres que por primera vez comenzaban a organizarse en diferentes espacios sociales y políticos, constituyendo trincheras de solo mujeres donde comenzábamos a reconocernos como hermanas y compañeras de lucha, y que permitieron fecundos espacios de contención, solidaridad, reflexión, debate y lucha; en el fondo, se empujó un proceso colectivo de empoderamiento que se expande exponencialmente en todos los sectores, niveles y formas de la sociedad, sacando lo mejor que las mujeres hemos tenido omitido y sin pedir permiso a nadie para ello.

Múltiples son las expresiones de solidaridad entre compañeras que resisten la intervención militar del Estado en tierras Mapuche, con las luchas sindicales y de trabajadoras, resistencia contra el extractivismo y la contaminación de las tierras y las aguas, entre muchas otras: El feminismo y la lucha de las mujeres como un elemento de unidad, articulación y fuerza, y no como un divisor de la lucha como muchas veces se nos ha acusado.

Junto con el avance del movimiento de mujeres y feminista en Chile, se van manifestando también las resistencias de algunos sectores de la sociedad de filo fascista que a través de diferentes acciones, entran al campo político disputando posiciones que reafirman una visión patriarcal que no pretende ceder ni mínimamente sus privilegios como varones; Se suman a este esfuerzo infame los discursos ultra conservadores de religiones como la evangélica, que tienen un peligroso arraigo en las masas populares.

Cuando las mujeres avanzamos, avanza toda la humanidad e incluso el planeta.

La Izquierda Revolucionaria en Chile

El movimiento feminista ha puesto en jaque a la izquierda en general, ha pasado la cuenta con respecto a la debilidad o nulo interés político en abrazar el feminismo dentro de sus horizontes tácticos ni estratégicos

y que por lo tanto el problema de dominación y opresión machista no son abordados porque no es de interés primordial para la izquierda. Este error histórico ha golpeado a la izquierda revolucionaria chilena, la cual se ha visto fuertemente cuestionada y atacada por el movimiento feminista por los casos de violencia machista al interior de su militancia, quienes no han sabido resolver este problema de manera orgánica y política. Es debido a este contexto que como izquierda revolucionaria nos hemos pegados tiros en los pies, algunas organizaciones se han debilitado, otras han desaparecido y algunas continuamos trabajando en pro de levantar el trabajo de manera transversal y primordial dentro de las organizaciones.

Algunas proyecciones

Fortalecer nuestras coordinaciones, apoyar, participar e impulsar espacios de encuentro internacional solo como mujeres y que también los hombres cercanos, militantes y simpatizantes puedan participar, impulsar en instancias anti patriarcales de varones, donde deben apuntar algunos de nuestros principales esfuerzos organizativos por las condiciones de lo que tenemos que combatir

El feminismo ha llegado a Chile para quedarse, y este camino no puede indudablemente agitar hacia una sociedad radicalmente distinta, donde ni capitalismo ni patriarcado tengan cabida pues nuestro fin el terminar con cualquier tipo de explotación, opresión y dominación y donde las mujeres podamos desarrollar nuestra propia ciencia como sector postergado por siglos.

Octubre del 2019

 

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