Maternidad y organización revolucionaria

Feminismo Voces Militantes

Daniela Küyen

Militante de Izquierda Guevarista de Chile

Muchísimo podríamos desgranar respecto a maternidad/paternidad y militancia revolucionaria, buscar un método de integración entre ambas, es hoy quizás nuestro más grande desafío; Y es que no se trata únicamente de buena o mala voluntad, convicción o energías; es entre otras cosas, una labor que exige de sí, lo mejor física, emocional e incluso materialmente.

La maternidad/paternidad es un trabajo a tiempo completo que se suma a nuestras vidas, y que por supuesto exige un alto nivel de compromiso y responsabilidad individual, es decir, que deben asumir personalmente quienes son mamás y papás casi el 100% de la responsabilidad del cuidado y crianza. A veces se cuenta con el apoyo de abuelas, o de un círculo extremadamente limitado de personas.

Sin profundizar demasiado en ello, es imponte señalar que nuestra concepción de crianza pasa por la colectivización del trabajo, la responsabilidad del cuidado y formación; como responsabilidad de la comunidad y no solo de su mamá/papá. ¿Cómo podría eso ir tomando forma? Aún falta mucho por debatir, reflexionar y poner en práctica al respecto, especialmente porque nuestra generación tiene una concepción muy cerrada de la familia, y aunque con las décadas ha ido modificándose de manera importante la idea de familia nuclear, aún la crianza se sigue viviendo en solitario.

La organización revolucionaria tiene el deber entonces de ir también incorporando estos elementos en su praxis, la nuestra que es una organización joven, tiene un largo camino que emprender al respecto, y aunque ha ido incorporando algunos elementos pequeños, como otorgar pre y post natal (tiempo congelado de militancia), esto es insignificante respecto al desafío que se tiene por delante.

Algunas consideraciones que sugeriría incorporar al debate son las siguientes:

a) Desde el momento de la concepción las mujeres experimentamos cambios radicales a nivel fisiológico, que tienen directa repercusión en nuestro sentir físico y emocional.

b) A nivel físico hay malestares que ya son conocidos, no por eso dejan de ser inhabilitantes en algunos momentos: Mareos, náuseas, vómitos, sueño y cansancio, etc. Cada mujer es un mundo al respecto, y puede variar radicalmente la realidad de una y otra.

c) A nivel emocional o psicológico si se quiere, se debe lidiar con un montón de temores, inseguridades e incertidumbres, con la presión social y familiar, cuestionamientos internos, y un largo etcétera. Algunos le han llamado a este proceso como de “transparencia psíquica”, porque salen a la superficie, una serie de ideas antes apaciguadas o escondidas.

d) Y a nivel neurológico, el cerebro tiene modificaciones que por necesidad de la nueva vida en gestación, requieren activar nuestra parte más animal e instintiva, desactivando o disminuyendo la actividad neurológica en ciertas áreas de materia gris en el cerebro. Si bien está en estudio, algunas investigaciones nos muestran que las mujeres a partir del embarazo, comienzan a tener problemas de memoria y concentración; así también, se ha demostrado que disminuye el sentido de la empatía con otras personas, afectando la capacidad de ponerse en el lugar de otras personas, mientras que aumenta la empatía por el bebé en gestación.

Este punto es del todo interesante y necesario de conocer, pues se señala que las embarazadas y puérperas son más inteligentes, tienen un mayor grado de concentración, desarrollan habilidades de lenguajes no verbales, pueden hacer mayor cantidad de cosas a la vez, tienen mayor resistencia al estrés, entre otras; sin embargo esto está directamente relacionado con los cuidados de la cría, y se dificultan para otro tipo de tareas externas a esto.

e) Los cambios se comienzan a generar desde el momento del embarazo, y algunos estudios señalan que están en actividad hasta al menos los 6 primeros meses desde el nacimiento del bebé, y puede durar hasta dos años después.

f) Todo lo anterior si bien afectan directamente a la gestan- te, el círculo cercano a la madre, y especialmente el padre, tienen la gran responsabilidad de compenetrarse lo máximo posible al proceso, acompañar, contener, masajear, encargarse de las labores domésticas, y un largo etc. Desde el primer momento del descubrimiento del embarazo, y por un periodo indefinido de tiempo; Y rompiendo con la lógica patriarcal del rol únicamente de proveedor del hogar, y una interminable lista de actitudes machistas que han entorpecido el proceso de gestación y crianza por siglos, como por ejemplo, el rechazo o asco al parto o a la lactancia.

Entonces cabe preguntarse ¿Es posible mantener una actividad militante normal? La respuesta es que claramente no. La forma en que esta actividad se desarrollará es el desafío a asumir por el colectivo, y dependerá obviamente del contexto político y social en que estemos inmersas/ os, y de la variable condición de la madre, y por consiguiente, también de un padre si es que este es militante. ¿Algunas cosas básicas que debemos considerar si o si?

1. Tiempo: Si el contexto social y político lo permiten (Es decir, que no esté en juego la sobrevida de la organización, o mucha con- vulsión social), debemos ser pacientes y adecuarnos a los nuevos tiempos de quienes gestan y cuidan de un bebé. ¿Cómo se definen estos tiempos? Dependerá del estado de ánimo y bienestar físico versus las necesidades organizativas; Posiblemente sea necesario congelar la militancia durante el tiempo previo al parto y del puerperio.

También es importante considerar actividades o jornadas más cortas.

2. Espacio: Facilitar los espacios físicos en que nos reunimos, pensar en la cercanía y comodidad, que permita optimizar tiempo y evitar sobrecarga física. Buscar en invierno lugares que sean más cálidos para poder asistir con bebés y/o niños. Ir a la casa de la/os compa/s si es posible, etc.

3. Flexibilidad: Tener plan a y plan b cuando nuestras planificaciones incluyan gestantes y/o cuidadores, el proceso es impredecible; l embarazo lo es, también el comportamiento y necesidades de los/as hijas/ os. Por tanto, podemos planificar algo y el mismo día o momento, tener malestar, sentirse angustiada o enfermarse un bebé etc.

4. Acompañamiento: Preocuparnos por nuestras/os compas, si es posible visitarles en algunos momentos para no perder el con- tacto y que etapas como el pre y post natal, no impliquen el alejamiento total de lo que está ocurriendo en la organización y el contexto político y social, quizás sin encargar tareas, tomar apreciaciones, involucrarse en el proceso de crianza en la medida que sea criterioso hacerlo, y que existan las voluntades de que eso así ocurra.

Evitar hacer sentir culpable, evitar opinar sobre temas que no se han consultado (especialmente de aspectos físicos), evitar aplicar un cuestionario a nuestras compas cuando les veamos, etc. Demostremos nuestro interés en el proceso, pero sin hostigar.

5. Conocimiento de causa: Interiorizarse en los elementos antes señalados, conocer lo que le está ocurriendo a nuestras compas, leer, reflexionar, debatir al respecto.

Todos los factores de cambio descritos, pueden ser altamente frustrantes y angustiantes para quienes cuidan y gestan, evitar hacer sentir a nuestra militancia como culpable por optar por el autocuidado, del de sus crías o compañera, no contribuye en lo absoluto con un proceso de fortalecimiento militante, sino por el contrario, puede significar el alejamiento progresivo de nuestros/as compas, y la sensación de incompatibilidad entre una y otra labor.

Más allá de la consigna que nos empuja a vivir una maternidad y paternidad libre en una sociedad diferente que aspiramos a construir, necesitamos tomar medidas concretas que permitan hacer de nuestra orga, una trinchera de resistencia.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *