Concepciones de Educación No-sexista en Chile

Feminismo Voces Militantes

Por Carmen Unzueta

Militante de Izquierda Guevarista de Chile

“¡EDUCACIÓN NO SEXISTA!” han gritado y escrito en sus pancartas estudiantes movilizadas al calor de las marchas estudiantiles en Chile. El movimiento estudiantil chileno ha apuntado incansablemente sus dardos contra el lucro y paradigma neoliberal, que ha convertido cada derecho social en un bien de consumo, demandando –a su vez- educación gratuita, laica y de calidad para todos, todas y, recientemente, todes. Este es el escenario en el que emerge el develamiento de un sistema educativo no sólo enfocado hacia la acumulación de riquezas, bajo un paradigma individualista y competitivo, sino que además, profundamente sexista y discriminador.

El año 2018 Chile vivió un nuevo período de álgida movilización por la demanda de una educación no sexista, donde sus protagonistas, en su mayoría mujeres estudiantes de educación superior, hicieron ocupación, a lo largo de todo el país, de sus casas de estudio, exigiendo transformaciones locales en sus espacios educativos, pero también a nivel estructural involucrando las formas de concebir y ejecutar el sistema de educación regular, desde su inicio en la primera infancia, hasta la formación profesional.

De este modo, se puede dar cuenta de conceptos de educación no sexista que buscan transformar su estructura, se legislación y su proceso social. Mientras, por otro lado, cambios en el escenario micro-social donde se desarrollan las dinámicas cotidianas, relacionales y los encuentros cara a cara.

De esta manera, la demanda por educación no sexista comprende acciones y transformaciones que transitan dialécticamente por este continuo de lo micro-social a lo estructural y viceversa, con diversos niveles de concreción, abstracción y temporalidad. A modo de ejemplo, se busca el desarrollo de nuevas prácticas educativas y relaciones sociales fundadas en el respeto en el aula de clases, aludiendo a nuevas formas relacionales y de convivencia. Mientras, por otro lado, las estudiantes movilizadas conciben que una educación no sexista, debiera convertirse en una herramienta de transformación social.

Pese a la gran variedad de conceptos, aún disgregados sobre la educación no sexista, es posible distinguir la idea que condensa de mejor manera este constructo: una educación libre de sesgos de género. Es así que, liberar de todo sesgo de género las prácticas, los contenidos, las instituciones, las creencias, las expectativas y la finalidad educativa, es un propósito para quienes hoy protagonizan este movimiento. Las estudiantes buscan desmontar aquellos moldes asociados a “lo femenino” y “lo masculino” en la educación, siendo éste, un paso indisociable para el giro no sexista de la educación, objetivo que se vuelve alcanzable mediante transformaciones locales, acompañadas del desarrollo de una sensibilidad subjetiva en disposición al cambio y una comprensión crítica de la institución escolar y su propósito.

Los años 2011, 2014 y 2016, se reconocen como años de movilizaciones estudiantiles relevantes para comprender el devenir gradual de la demanda por educación no sexista hoy. El desarrollo del movimien- to estudiantil, permitió que muchas y muchos estudiantes generaran sus primeras afiliaciones con orgánicas políticas, las cuales fueron puerta de entrada y escenario de fogueo para quienes hoy protagonizan este nuevo ciclo de agudización política, esta vez bajo el enfoque feminista.

Para comprender la efervescencia y adhesión infranqueable que logra el movimiento por la educación no sexista actual, aparece como agente motivador las experiencias vitales vividas, en torno al sexismo y/o violencia de género de las propias mujeres estudiantes hoy movilizadas, las cuales actúan como móvil y también como referente de las prácticas que desean erradicar de los espacios educativos. De este modo, el sentido que dan a organizarse por una educación no sexista es garantizar para sí y las demás, la reducción de probabilidades de ocurrencia de los hechos de violencia, en otras palabras, hacer cambios para no repetir.

Algunas transformaciones impostergables

De acuerdo a la documentación elaborada por las estudiantes organizadas y los medios de difusión y propaganda del movimiento, es posible dar cuenta las siguientes transformaciones propuestas:

a) prácticas docentes y educativas, que atiendan a crear nuevas formas de educar, de utilización de los espacios escolares y universitarios, promoviendo reflexiones críticas sobre el lugar que ocupan las personas en cada espacio social.

b) cambios y regulación de las relaciones entre pares, con docentes y en la convivencia, de manera que se promuevan relaciones libres de sesgos de género entre todos y las agentes de la comunidad educativa, haciendo conscientes las expectativas de género que se reproducen desde los y las docentes hacia las y los estudiantes, y de sus efectos, como la “incapacidad aprendida”, fenómeno que hace alusión a las creencias conscientes o inconscientes entre las estudiantes, mayoritariamente mujeres, acerca de su imposibilidad para realizar una tarea o la predisposición infundada a un mal rendimiento.

c) inclusiones en el lenguaje y en los contenidos, de manera que se incorporen nuevos usos del lenguaje, desafiando el repertorio semántico utilizado hasta ahora.

d) incorporación del enfoque de género en planes y programas es- colares y de la formación profesional.

d) acceso y permanencia de población transgénero y transexual, asegurando sus derechos y pleno desarrollo humano, lo que involucra nuevas formas de convivir con la diversidad en el espacio escolar y superior.

Y g) en abordaje de la violencia de género, por medio de reglamentos, protocolos, o las herramientas varias que una institución educativa decida aplicar, dando respuesta al perjuicio social y personal del que han sido objetos, las mujeres que franquean la barrera del silencio y la privacidad, con la finalidad de sancionar a los victimarios, pero también solidariamente impedir que otras personas experimenten los mismos hechos.

Todas las trasformaciones nombradas, son consideraciones míni- mas que debiera incluir una educación que se oriente al no sexismo y a la eliminación de la violencia en su modelo.

Diversificación de participantes en la demanda por una educación no sexista

El movimiento por una educación no sexista se configuró como una demanda diseñada y conducida exclusivamente por estudiantes. Años después, mujeres de múltiples estamentos que coexisten y se desarrollan en el espacio educativo, hoy trabajan por un propósito común. Este aspecto permite exponer la diversificación de las actoras y actores que hoy demandan un nuevo paradigma educativo, lo que ha significado, consecuentemente, implementar nuevas formas de acción, de trabajo y de toma de decisiones caracterizadas por la triestamentalidad, como forma de democratizar el poder concentrado en sólo algunas autoridades.

La discriminación hacia las mujeres en la academia ha sido descrita en sus múltiples formas, entre ellas las escasas oportunidades académicas que impiden su ascenso el organigrama institucional. Justamente, la diversificación de participantes en los feminismos, ha contribuido a ampliar las dimensiones que hoy componen la demanda por educación no sexista, así, la necesidad de transformaciones en el plano laboral, referido principalmente a disminución de brechas salariales, y a la finalización de la figura contractual de subcontrato, aparecen como demandas vinculadas a esferas no contempladas en la literatura afín, las cuales impactan en la precarización de la vida de quienes se emplean sujetas a la flexibilización extrema.

A propósito de la variabilidad de actoras y actores en el movimiento, la población transgénero que hoy se moviliza, con presencia muy reducida en el espacio educativo, también ha logrado integrar acciones que tensionan lo hasta ahora promulgado por la reforma educativa. Si bien la Circular de derechos de niñas, niños y jóvenes trans en el ámbito de la educación (MINEDUC, 2017) contempla el uso del nombre social en los ámbitos relacionales, el nombre legal sigue rigiendo en los documentos oficiales. De esta manera, el movimiento por una educación no sexista ha logrado el reconocimiento de su nombre social para efectos de cualquier tramitación interpersonal, administrativa y legal en ciertas casas de estudio, siendo pionero en negociar y garantizar este derecho, lo que se espera sea extensible para el resto de instituciones educativas superiores.

Recientemente, la actualización del manual Classification of Diseases (ICD) numer 11, cuya sigla en español CIE-11, de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado que las categorías referentes a las personas trans incongruencia de género en la adolescencia y adultez e incongruencia de género en la infancia han sido removidas de los ítems relacionados a los trastornos mentales, siendo incluidas en el apartado Condiciones relacionadas con la salud sexual (Organizando Trans Diversidades, 2018). Este hecho supone efectos inmediatos y decisivos en dos materias relacionadas la situación actual de las personas trans en el país. Primero una modificación en la ley de identidad de género, aún no promulgada en nuestro país. En segundo lugar, y de manera más profunda, la despatologización de dichas personas en su proceso transición.

Es de esperar que este nuevo escenario impacte favorablemente en derribar barreras para el pleno desarrollo de las transdiversidades en todas las esferas de la vida, incluyendo la educación, área referida por las estudiantes movilizadas, como determinante en las posibilidades de integración social de esta población y su salida del empobrecimiento y marginación en la que viven.

Junto con la eliminación de sesgos de género, la inclusión es otra idea fuerza que persigue el movimiento por la educación no sexista. De esta manera, es necesario develar la composición de género de este movimiento, principalmente por mujeres y disidencia sexual. Es por esto que surgen interrogantes sobre el rol de los varones en el desarrollo de las movilizaciones, con quienes se ha estrechado una relación ambivalente, donde la diversidad de acciones les ubica en ocasiones como aliados, y en otras como acérrimos obstaculizadores. Así, se revela que ha sido común encontrar varones de la comunidad educativa que muestran una actitud defensiva, indolente y poco empática frente a las temáticas demandadas por sus compañeras.

Es posible concluir que para las y los participantes del movimiento por la educación no sexista, la relación entre educación y las formas cómo somos y habitamos el mundo siguen un correlato ya advertido teóricamente. Es por esto que las tesis feministas encuentran terreno fértil en el movimiento estudiantil, pues el lugar de la educación en gravitante en relación a la perpetuación de sesgos de género, de violencia y discriminación hacia las mujeres y la disidencia sexual.

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