Sobre la coyuntura brasileña y el triunfo de Jair Bolsonaro

Coyuntura Política Nuestra América

1. La clase trabajadora, el pueblo brasileño -en especial sectores oprimidos de forma específica: mujeres, disidencias sexuales, afrodescendientes, pueblos originarios, etc- y componentes de la izquierda del Brasil, atraviesan hoy una situación gravísima y alarmante. Condiciones elementales de vida y libertades fundamentales para la sociedad ganadas tras intensos procesos de luchas populares, como el solo hecho de existir con una identidad política, racial, cultural, religiosa, sexual y de género determinada, corren el riesgo de ser desmanteladas de forma feroz en nombre de una corriente política autoritaria de “restablecimiento del orden” capitalista, colonial y patriarcal en su conjunto. Más velozmente de lo que pudimos prever se instala en el gobierno de Brasil, el país más grande de América Latina y la novena mayor economía del mundo1, una tendencia derechista con rasgos que en varios de sus aspectos se asimilan al fascismo, bajo el liderazgo de Jair Bolsonaro.

2. Las explicaciones de cómo se llegó a esto son muchas. Pero lo cierto es que dicha reacción es inseparable de los 13 años seguidos de gobiernos del PT -Partido de los Trabajadores- en Brasil, los cuales podemos decir que allanaron la cancha para el escenario actual. Concretamente, a la burocracia corrupta del PT podemos reprocharle: 1) dirigir un proceso de fortalecimiento, consolidación y sostén de la posición dominante de la gran burguesía y grupos en el poder -líderes de la Iglesia Evangélica, cabecillas del Poder Judicial y de las FFAA, etc-; 2) dirigir un proceso de disgregación y disolución de la izquierda en aras del fortalecimiento de la burocracia del Estado y el régimen político, como también de des-politización y vaciamiento de contenidos de las organizaciones del pueblo trabajador, e incluso, de combate y represión hacia los componentes más decididos e independientes, asimilándose en la administración del Estado capitalista; 3) enlodarse en una descarada tela de corrupción -si bien no es el único partido involucrado, sino que la corrupción es de hecho una práctica transversal en el sistema político, esta denuncia es completamente indesmentible-, deslegitimándose a sí mismo como partido y de paso, a la izquierda, al socialismo y al comunismo en todo su abanico de posibilidad.

3. De este modo, lo que se expresa hoy en día es un reordenamiento brusco del bloque en el poder con el -ya consagrado- desplazamiento violento del PT de la dirección del Estado2; con un pueblo trabajador considerablemente desprovisto de herramientas políticas y organizativas -lo que, de todos modos, no es responsabilidad única ni principal de la socialdemocracia, sino de la propia izquierda, sobre todo la revolucionaria-; vastos sectores medios, populares y obreros con una pésima referencia acerca del socialismo y la izquierda, en reflejo del descrédito en que está sumergido el PT y demás componentes de los otrora gobiernos -recordemos que el PT no gobernó estos 13 años en soledad-; y por último, un poderosísimo anhelo y exigencia social y popular por “orden y seguridad”, en un contexto de caos e incertidumbre -o al menos la percepción social de éstas-, constituyéndose una “ola

1 https://es.weforum.org/agenda/2018/04/las-economias-mas-grandes-del-mundo-en-2018
2 Reconocemos que el encarcelamiento de Lula y el impeachment contra Dilma son del todo intencionados e interesados políticamente; aunque ello no descarta el que -efectivamente- hayan sido líderes y responsables de parte importante de la dinámica de corrupción que ha dominado a la política y al Estado brasileño estas últimas dos décadas.

conservadora” desde las bases mismas del pueblo que fue capaz de capitalizar, ni más ni menos que un ex militar provisto de una fuerte retórica que es asimilable en muchos aspectos a una forma de fascismo, o al menos, un populismo radical de derecha. Queremos decir que, en gran medida, la actual oleada reaccionaria es desembocadura de la gestión socialdemócrata del modelo neoliberal, sobre cuya ejecución, ya a casi 30 años de desarrollo de las estrategias socialdemócratas post-URSS y post-muro de Berlín, las cuales tienen como simbólico baluarte el “Foro de Sao Paulo”, estamos ya en condiciones de hacer balances.

4. En suma, la coyuntura brasileña está caracterizada por una reacción política de extrema derecha – con importantísimo arraigo y respaldo de masas- en contra de una alternativa de conciliación, moderada, social liberal e integrante del bloque en el poder; y además -y por sobre todo- contra una izquierda popular, de bases y enormemente más radicalizada y consecuente, como son, entre otras, el MST -Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra- y el MTST -Movimiento de los Trabajadores Sin Techo-, quienes serán perseguidos de manera salvaje por medios legales e ilegales -a pesar de que estas organizaciones fueron también golpeadas, especialmente el MST, durante los propios gobiernos del PT-. Nuestro decidido apoyo y solidaridad internacionalista para con estas organizaciones del pueblo brasileño.

5. Se vienen coyunturas de enfrentamiento de clases más abierto y directo. Pero, donde indudablemente la clase trabajadora y las organizaciones del pueblo se hallan en rotunda desventaja frente a las fuerzas del Estado, los partidos y las mafias del sistema, los monopolios económicos y comunicaciones, las clases de grandes propietarios de tierras y cultivos, etc. Creemos que se seguirán desarrollando procesos de organización y lucha -muy intensa y explosiva- desde las bases populares, los sectores campesinos pobres y sin tierra, ciertas organizaciones sindicales y urbanas, los movimientos de mujeres, la juventud y las disidencias sexuales, de las razas morenas y los pueblos originarios, entre otros. Los cuales constituyen la reserva moral, política y de resistencia en el Brasil.

6. El fenómeno actual traerá graves consecuencias en las relaciones internacionales a nivel regional latinoamericano, al afianzar, la principal potencia del subcontinente, un cabal encuadre con las líneas estratégicas dictaminadas por los EEUU -en este sentido, sí hay un cambio relativo en relación a las administraciones del PT-. El efecto más tangible y, tal vez, de carácter inmediato, es que aumenten las hostilidades por parte del Estado brasileño en contra de la soberanía de Venezuela, golpeando especialmente a aquella fracción del pueblo trabajador venezolano que lucha por revertir las actuales condiciones de crisis política y económica, y superar en el acto a la burocracia estatal corrupta -no muy diferente a la del PT-, en miras de que no hay salidas dentro de la legalidad constitucional actual. En cuyo caso, se vuelve pertinente el impulso de una decidida y activa política de denuncia hacia la intervención imperialista.

7. Y en general, veremos que el triunfo de Bolsonaro repercutirá en un aliento a la animosidad y la organización política a diversos sectores de derecha, extrema derecha -o derecha radical- y proto- fascistas en América Latina, quienes emanarán su verborrea de odio y muerte -la que lamentablemente hace resonancia social- desde las plataformas de la institucionalidad política y desde el seno mismo de los movimientos de masas y el campo popular, donde se abren paso decididamente. A este respecto, nuestro marco de alianzas prioritario se ubicará en los sectores de clase obrera y popular, del tipo frente clasista: antiimperialista, anticapitalista y antifascista para frenar, mediante la acción unitaria de los/as explotados/as, oprimidos/as y marginados/as, la avanzada burguesa sobre la clase obrera y el pueblo trabajador.

 

Contra el poder burgués

¡El puño proletario!

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