El aborto: la disputa del cuerpo femenino

Feminismo
El aborto es una realidad
El aborto en Chile es una realidad que afecta a todas las mujeres, pero que se diferencia al momento de los recursos económicos invertidos. Se refleja, principalmente, en la seguridad de la vida de la mujer que se somete al proceso, porque las ricas no mueren.
Una de las cifras más duras respecto a esto es que el aborto es la tercera causa de muerte de las mujeres en nuestro país, y no es por el mero hecho de abortar o por un castigo divino, es simplemente por la realización de procedimientos sin los medicamentos, la atención y los cuidados necesarios. Pese a esto, el Estado de Chile es uno de los 9 en todo el mundo que criminaliza y hasta penaliza cualquier tipo de interrupción en el embarazo, haciendo vista gorda a las problemáticas de salud y prevención que pueden existir previos al aborto y siendo cómplice de la muerte de miles de mujeres al año que sin conocer otra salida realizan abortos al margen de las necesidades básicas de atención.
El aborto, como muchos han planteado de manera burda, no es una entretención, no es un modo de vida, es una decisión altamente compleja de manejar porque tiene componentes emocionales y físicos muy fuertes. Además, a esto debemos incorporar los valores de la moralidad cristiana que han sido inculcados por la sociedad y que reprochan a priori el aborto como una práctica asesina.
El proyecto que remece la moral cristiana
El proyecto de ley que presenta 3 causales para legalizar el aborto se desglosa en: primero, casos donde el embarazo pone en riesgo la vida de la mujer. Segundo, en caso de inviabilidad fetal de carácter letal y, tercero, embarazo producto de una violación.
Por qué ha sido un proceso tan largo el llegar a estas resoluciones, por qué si los profesionales especialistas, dentro de ellos el Colegio de Matronas de Chile, han sido enfáticos en la necesidad de que exista una ley como esta. Bueno, es que hay un problema esencial que tiene que ver con los derechos reproductivos y con los derechos que existen sobre los cuerpos, sobretodo el femenino en la sociedad capitalista.
El absurdo pero profundamente instalado discurso de que si se aprueba el aborto (aunque sea en estas estrictas tres causales) todas las mujeres deberán someterse a él bajo estas ciscunstancias no presenta ningún sustento, es como plantear que si existe el divorcio todos deberán divorciarse, y un largo etc lleno de cesgos conservadores y con la “moral cristiana” como punta de lanza.
Prueba de esto es que el propio Senado, espacio representativo de un Estado conservador que recién está decidiendo autorizar el aborto en causales que son sumamente necesarias desde un punto de vista médico, incorporó la “Objeción de conciencia para el personal”. Esto implica que ninguna institución, ni profesional de manera autónoma ni individual puede resolver algo distinto a los protocolos aprobados. Pese a esto, las instituciones afiliadas al Vaticano han pronunciado de manera inmediata que no realizarán abortos y que sus profesionales no estarán formados ni dispuestos a colaborar con estos procesos.
El aborto debe ser libre, gratuito y seguro para todas
Bajo el capitalismo, mujeres, hombres, niños y niñas son objetos de producción y de dominación. Pero la producción y reproducción del patriarcado ataca de manera directa a las mujeres, quienes somos privadas de beneficios solo por ser mujeres, solo por estar asociadas a un sexo biológico supuestamente débil, determinado para el trabajo servil y la maternidad.
Esta es la verdadera razón por la cual el aborto no ha sido legalizado, y si lo será ahora se aplicará solo en casos extremos que, de ningún modo, previene ni colabora con el real problema que se vive en Chile respecto al embarazo no deseado, adolescente, o respecto a la libertad de la mujer de decidir sobre su cuerpo. Por tanto, esta medida, que consideramos mínima, bien puede jugar un importante paso político; puede, por un lado, significar que desde aquí hay una puerta abierta para el aborto libre y gratuito o, por el contrario, que esta será la única apertura para el aborto en Chile. Dejando de lado una demanda que va en la línea de descosificar el cuerpo de la mujer en todas sus formas.
Más allá incluso, podemos acusar que detrás de esta medida -como en muchas otras- hay un prevalecimiento de proteger una estructura de sociedad basada en la familia y en la división sexual de roles en la sociedad, muy por sobre encima de un conflicto de clase reflejado en los cuerpos femeninos.
Hoy, más que nunca, la violencia de género se hace visible y vivimos un proceso -que falta profundizar- de desnaturalización de estas prácticas sistemáticas. Pero es necesario avanzar, precisamos hoy formar mujeres y hombres, niños y niñas con capacidades reflexivas y críticas respecto a las estructuras sociales que reproducimos. Debemos hacer notar la violencia en todas sus formas y, pretender que los cuerpos de las mujeres y de las niñas están para responder a objetivos únicamente reproductivos y bajo rígidas estructuras es un error que no dejaremos pasar.
Por eso, la educación sexual, la libertad de elegir sobre nuestro género y sexualidad, la maternidad y la paternidad, son cuestiones que deben pasar a nuestras manos. Por eso el aborto ha de ser libre, seguro y gratuito para todas las mujeres.
IZQUIERDA GUEVARISTA
JULIO 2017

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