TELETRABAJO, OTRA FORMA DE PRECARIZACIÓN LABORAL PARA LAS MUJERES

Feminismo Voces Militantes

Por  Elisa González y Tamara González

Militantes de Izquierda Guevarista de Chile


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El día 23 de marzo de 2020 se aprobó el proyecto de ley que establece modificaciones al Código del Trabajo para el trabajo a distancia o teletrabajo, presentado por Sebastián Piñera, este aprovechó la situación de pandemia que vive el país y el mundo para sacar su reforma de “modernización” que no genera más que preocupación para nosotras las mujeres, quienes históricamente hemos sido las más explotadas en el ámbito laboral, teniendo una tardía incorporación al mercado del trabajo y relegadas a ciertas funciones específicas de servicios y cuidados.

Trabajar desde la casa implica una serie de dificultades que generan una enorme preocupación, pues sabemos que no es lo mismo ser varón y estar en cuarentena, a ser mujer y estar en cuarentena. Esto pues nosotras las mujeres realizamos muchas más horas a la semana de trabajo no remunerado, el estudio realizado por Fundación Sol: “No es amor, es trabajo no pagado” (2020), da cuenta que las mujeres realizamos 41 horas de trabajo no remunerado semanal, en comparación a los hombres que realizan tan solo 19,9 horas. Ahora bien, si existen hijes de 0 a 6 años la cifra de horas de trabajo no remunerado en el caso de las mujeres aumenta a 70 horas semanales, versus las 31 horas de los hombres en misma situación. Esto último solo nos reafirma que los roles de género se siguen perpetuando en nuestra sociedad. Una encuesta realizada por la Mutual de Seguridad en conjunto con CADEM, señala que las tareas del hogar son realizadas por mujeres en un 92% mientras se realiza el teletrabajo, una de las mayores dificultades que se mencionan en la encuesta es “tener que compatibilizar el tiempo con las tareas del hogar” y unos lugares después se mantiene la opción “tener que apoyar con las tareas a los hijos al mismo tiempo que trabajar”, en tanto un 92% de las mujeres afirmó desarrollar labores domésticas como “hacer el aseo y preparar el almuerzo”.

Ya vimos como la cifra para el trabajo no remunerado en mujeres aumenta cuando existen hijes, en esta misma línea es que el proyecto de Piñera plantea la problemática, pues qué pasará con les hijes de las mujeres que desarrollan teletrabajo, existe la incertidumbre sobre si tendrán la posibilidad de optar a salas cunas, mientras sus cuidadores desarrollan una jornada laboral de teletrabajo. Pues, ahora vemos como se han tenido que compatibilizar el cuidado de les hijes, las tareas de estos, el trabajo remunerado y el trabajo doméstico. Todo en un mismo lugar, que muchas veces está lejos de ser un lugar acogedor y cómodo para cumplir con estas diversas funciones, pues sabemos lo difícil que es en Chile poder acceder a una vivienda de calidad, que cuente con el suficiente espacio para contar con un lugar tranquilo que pueda permitir compatibilizar todo ese trabajo, además nada asegura el derecho a descanso ni tampoco hay claridad con el pago de horas extras.

La situación hasta aquí descrita -y bajo este escenario- es preocupante en términos de la salud mental, pues según el estudio Zoom al Trabajo de Escuela de Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) junto a la consultora Visión Humana en el último año hubo un importante aumento de trabajadores y trabajadoras que declararon tener algún tipo de trastorno de salud, también se evidenció que la percepción sobre estrés laboral aumentó de un 26% en 2018 a un 42% en 2019, profundizando en el estudio se puede encontrar que las mujeres manifestaron sentirse más estresadas que los hombres, con un 40,7%; mientras que por estrato socioeconómico más bajos son los que mayoritariamente presentan esta dificultad. Considerando los datos anterior no sería extraño en esta nueva modalidad que las cifras aumenten, tras la mayor cantidad de elementos estresores que se incorporan en esta modalidad de teletrabajo, evidenciando lo obvio, que las mujeres pobres son de los grupos más precarizados en el mercado laboral. Nos preocupa también, los límites de tiempo que tendrá el trabajo, el cumplimiento de horario, tanto en lo que respecta a las acciones concretas del trabajo propiamente tal, como a límites psicológicos de trabajo, con esto queremos decir que será sumamente complejo el desconectar a “cierto horario” del trabajo, porque finalmente el contexto de trabajo seguirá estando ahí mismo, se mantendrán las claves contextuales relacionadas con el trabajo, además de no respetar los tiempos y solicitar cosas fuera de estos.Ya hemos visto cómo se ha empleado la modalidad de teletrabajo en un contexto de excepción por la crisis sanitaria y todas las dificultades que han aparecido, que estará íntimamente ligado al estrés laboral.

La nueva ley de teletrabajo impulsada por Piñera es preocupante  -e insólita-, pues dentro de las modificaciones que se hacen a la actual legislación laboral se habla de permitir una supervisión directa del empleador, ¿de qué hablamos?, en que podría traducirse en cámara de vigilancia. ¡Más agobio laboral! Nos quieren hacer creer que trabajar desde la casa implica mayor comodidad y más tiempo para cumplir con las actividades laborales, supuestamente ganado tiempos para nuestra vida personal, pero en ningún caso es así, solo llega para precarizar aún más la vida laboral. Del mismo modo la actividad sindical se verá afectada, pues con el teletrabajo se presenta un nuevo desafío a la ya bajas tasas de sindicalización, la distancia imposibilitará el organizarse y presionar entre trabajadores/as, además de afectar las relaciones sociales que se generan con un contacto directo, reduciendo los derechos sindicales y laborales, esta es una ley que en nada va en beneficio de las trabajadoras, más bien apunta a precarizar sus derechos y beneficiar a los empresarios abaratando costos de empleabilidad, pudiendo realizar contrataciones con menos beneficios.

Es imperante que de una vez por todas los varones comprendan que las labores de cuidado y domésticas son de corresponsabilidad. En esta situación de teletrabajo debemos tratar de ordenar lo más posible nuestra jornada laboral, generando en lo posible una rutina, con horarios que incluyan el descanso y alimentación y que no superen las 8 horas de trabajo. En lo posible tener espacios delimitados y tranquilos para el desarrollo de actividad laboral, también debemos crear una dinámica de actividades compartidas del hogar, de responsabilidades igualitarias en los quehaceres.

Esta crisis sanitaria solo ha dejado en evidencia -nuevamente- la precariedad e injusticias que enfrentamos las mujeres tanto dentro del mercado laboral, como en el plano reproductivo, en donde a quedado en evidencia que ejercemos doble o triple jornada laboral. Esto solo reafirma la necesidad de que las mujeres trabajadoras nos mantengamos unidas y organizadas dentro de los trabajos, luchando contra el patriarcado y capitalismo, que nos violenta en todas las esferas de nuestra vida.

¡Basta de precarización e injusticias,

somos mujeres unidas contra el Patriarcado y el capital!

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