CAPITALISMO O VIDA: A propósito del Primero de Mayo y la actual crisis capitalista

Coyuntura Política lucha de clases

El capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza”

Karl Marx

Rosa Luxemburgo, hace largos 100 años, advertía al mundo que el camino de la humanidad tenía que avanzar hacia la revolución socialista o sucumbir ante la barbarie capitalista. Varias generaciones después, revoluciones, contra-revoluciones y guerras de por medio, resulta que hoy estamos sumidos en la más brutal de las barbaries.

Cómo nunca el mundo ha alcanzado un desarrollo tecnológico y productivo tal que el hambre, la miseria y la enfermedad podrían ser perfectamente exterminadas, si es que los dueños del poder y la riqueza lo quisieran o lo permitieran. Más de 821 millones de personas en el mundo padecen de hambre (11% de la humanidad), mientras los países ricos del norte botan a la basura más del 30% del alimento que adquieren cotidianamente. Si ese porcentaje de comidas se repartiera en las zonas más pobres del mundo el hambre desaparecería para siempre. Pero no solo eso, de los 821 millones de personas con hambre (2018), 6 millones son totalmente nuevos. El hambre, luego de decenios de decrecimiento (hasta el 2015), nuevamente sube, creciendo a un ritmo no menor de medio millón por mes, y sin detenerse.

Por supuesto, el continente más afectado es África, allí donde precisamente el imperialismo hizo estragos durante los últimos dos siglos de historia. El 20% de la población africana padece hambre, ni más ni menos. Pero no solo eso, el hambre en América Latina y el Caribe también crece, alcanzando un 7%, o sea, más de 50 millones de hermanos y hermanas latinoamericanas, dentro de un continente rico en todo tipo de recursos, sufre también hambre. Peor aún: 2000 millones de personas en el mundo, de los 7000 que poblamos el plantea (cerca del 30%), carecen de acceso a alimentos nutritivos o si quiera “suficientes”, bordeando a diario el hambre, viven al filo de la más terrible miseria. Mientras, al otro lado de la barrera de clase, la riqueza mundial no sólo aumenta de manera estrepitosa, recordemos que las crisis económicas no destruyen capital sino únicamente lo re-distribuyen en menos manos. Casi el 50% de la riqueza mundial está en manos del 1% de la población, 26 personas amasan la riqueza total de este mundo. El 82% de la riqueza mundial producida durante el año 2017 fue al 1% de la población mundial, mientras cerca del 50% de la clase trabajadora no vio ninguna variación en sus ingresos; a la vez, la inflación mundial (mismo año) promedió 3,5% en el mundo. Nos hacemos más pobres, además de más hambrientos, mientras producidos mayor riqueza que se va casi en su totalidad a unas pocas manos.

Claro está, entre todo ello hay que diferenciar a las mujeres trabajadoras, quienes perciben en promedio (mundial) un 22% menos de ingresos, aunque en las regiones más explotadas (sur global), las diferencias se duplican, superando el 40% (allí se ubica nuestro continente). A lo anterior debemos sumar una empleabilidad mucho menor: 47% frente al 72% de los varones. De las cerca de 1000 millones de personas en el mundo que viven en la extrema pobreza, el 70% son mujeres. A todo lo anterior debemos sumar las tareas domésticas, el trabajo reproductivo, el cual es casi exclusivamente resuelto por mujeres a diario, ampliando su jornada laboral diaria en dos o tres horas en promedio. El capitalismo, su sistema económico y su régimen ideológico patriarcal, colonial y racista, es la barbarie misma, una locura sin sentido ni destino posible ¿Alguien razonable pudiera acaso discutirlo?

Por cierto, los países del mundo que más súper ricos tienen en sus territorios son: EEUU (40 personas) y China (10 personas), las vanguardias del capitalismo mundial, hoy en plena disputa por resolver quién dirige -principalmente- la avasalladora locomotora del imperialismo.

A todo lo anterior podemos agregar las consecuencias del desarrollo industrial acelerado, irresponsable y aniquilador que sacude al mundo desde la primera Revolución Industrial. No es necesario señalar números o datos, basta con decir que ha provocado la extinción no-natural más terrible que haya vivido el plantea sobre su flora y fauna; la degradación brutal de ecosistemas hasta un punto de no-retorno; y, la alteración de los ciclos biológicos naturales necesarios para la conservación de la vida animal (incluida la humana) y la naturaleza misma. Las consecuencias de todo ello es que hoy nos enfrentamos a la inminente destrucción del planeta, más rápido que tarde, mientras nos hundimos en la proliferación de la pobreza, el hambre y la miseria, como consecuencia directa de la destrucción de fuentes alimenticias (ante todo agrícolas) básicas, además de la desertificación de amplias zonas, ya sea como producto del cambio climático y el aumento relativo del calor, o por el avasallamiento de zonas rurales por parte de un capitalismo depredador e inconsciente. La muerte de todo marca el presente, de la misma manera que traza un horizonte fatal.

La actual pandemia viene a demostrar de forma categórica e inapelable que los gobiernos burgueses del mundo, sobre todos aquellos conducidos por las fracciones burguesas más radicales, están contra la vida en todas sus formas. El hambre de ganancia, la pulsión incontrolable por el dinero empuja a los pueblos trabajadores del mundo entero a la muerte. Lo importante -para ellos- es producir, mantener las tasas suculentas de ganancias, las cuales no se redistribuyen sino que se híperconcentran, sin importar los costos humanos que ello genera. Hoy, además, la frágil economía mundial que apenas se venía recuperando desde su última crisis (2008), se ve nuevamente frente un abismo que parece no tener fondo claro. La economía mundial se desplomará al menos un 6% (según las optimistas predicciones económicas burguesas), tres veces más que lo ocurrió en la crisis anterior. Las consecuencias laborales, humanas, para las clases trabajadoras del mundo son sencillamente incalculables. Además, debemos lamentablemente señalar, que no sabemos la extensión temporal ni las consecuencias en la salud de los pueblos que la pandemia tendrá en los meses que vienen, menos bajo gobiernos irresponsables y asesinos. El capitalismo es explotación, miseria, hambre y muerte.

La forma mediante la cual el Capital y sus Estados abordarán la crisis ya en curso es a todas luces obvia: políticas anti-obreras, ajustes económicos contra el pueblo, reducción de personal, rebaja de los salarios; y un enorme despliegue represivo, mediante el fortalecimiento de los organismos del Estado que se dirigirán contra toda organización o movilización que se plantee en la defensa de las condiciones mínimas de existencia, de lucha por simple dignidad. El Estado policial se fortalecerá, la sociedad de control y vigilancia ampliará su fuerza y poder utilizando todos los recursos tecnológicos hoy disponibles. Los ricos y poderosos defenderán su poder y sus ganancias a punta de sangre y fuego, como ya bien sabemos.

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Esta nueva conmemoración de los Mártires de Chicago nos pilla en medio de una Revuelta Popular (que aún no agota su fuerza e ímpetu), una pandemia administrada por la clase dominante en función de sus propios intereses y una crisis económica que toca iracunda la puerta de nuestro territorio y clase. Frente a todo ello, diremos algo simple y claro: debemos luchar por la defensa de la vida, de la existencia propia, organizar la resistencia y preparar la lucha clasista que vaya cimentando el camino de la destrucción del capitalismo y su régimen de muerte. No tenemos nada que perder. Nuestra lucha es por la vida.

 

¡Por la unidad mundial de la clase trabajadora!

¡A resistir la ofensiva capitalista!

¡A organizar la Revuelta Popular! 

¡Por el Socialismo y la Libertad!

30 de abril del 2020

 

 

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