PANDEMIA Y SALUD MENTAL: UNA NECESIDAD URGENTE

Coyuntura Política Voces Militantes

Por Elisa González

Militante de Izquierda Guevarista

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Para nadie es un misterio que el confinamiento está generando conflictos de diversas esferas de la vida humana, una de las principales es el colapso del sistema de salud y con ella la situación de salud mental, lo que a su vez se ha acompañado de un repudiable comportamiento por parte del régimen en el poder y del bombardeo de información en los medios de comunicación.

  • Salud mental: la realidad de Chile

Según la Organización Mundial de la Salud la salud mental «es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades […] un estado de bienestar en el cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes puede afrontar las presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a su comunidad». En Chile, de acuerdo con la última Encuesta Nacional de Salud (2016-2017), una de cada cinco personas ha presentado una enfermedad mental durante el último año. Las cifras son altamente preocupantes si comenzamos a adentrarnos en su caracterización.

La sospecha de depresión alcanza 15,8 % de la población en el territorio nacional, cifra que no muestra diferencias estadísticas significativas en comparación a las dos mediciones anteriores, lo cual nos da cuenta que para nada las políticas de salud mental han sido efectivas en los últimos años. Se agudiza más la situación en este estudio para las mujeres, quienes alcanzan un 21,7% por sospecha de depresión, mientras en hombres la cifra es de un 10%.

En lo que respecta a prevalencia de depresión el porcentaje país es de un 6,2%. El porcentaje en este estudio es de un 2,1% en hombres y un 10,1% en mujeres, mostrándose, al igual que en las cifras anteriores, diferencias significativas entre hombres y mujeres.

Los problemas de salud mental afectan mayormente a personas más vulnerables, a la población más joven y a las mujeres. También afecta de manera particular a personas de pueblos originarios (un 27,8%) y se ha visualizado que comienza a temprana edad, entre les niñes de 4 a 11 años (Plan Nacional de Salud Mental, 2017).

  • Cobertura, presupuesto y un sistema de salud fracasado.

En un medio nacional el Ministerio de Salud, en el año 2018, señala que en Chile a 60% llega la brecha de salud mental, lo que indica que más de la mitad de las personas con alguna enfermedad por salud mental y que requiere de tratamiento no lo recibe.

Sobre la atención por depresión, se puede señalar que sólo una de cinco personas ha recibido un tratamiento, y una de cada tres está en tratamiento por GES, evidenciándose una brecha abismal entre un problema de salud mental y los accesos a un tratamiento (Encuesta Nacional de Salud, 2016-2017).

Para el año 2017, el presupuesto de salud mental alcanzaba -tan solo- un 2,13% del presupuesto total de la cartera de Salud. En el Plan Nacional de Salud Mental (2017- 2025), se propuso triplicar ese presupuesto, y así llegar a algo más del 6% del presupuesto, sin embargo, no pareciera ser garantía de algo.

En el actual sistema de salud, la salud mental siempre ha sido el pariente pobre. Hay una deuda importantísima, pero, no solo en términos de cobertura, sino que también en la forma en que es entendida la salud mental. En el sistema actual es entendida como la ausencia de alguna enfermedad, por tanto, se deja de lado elementos esenciales que dicen relación con el bienestar y la incorporación de elementos como la tranquilidad, la satisfacción, el desarrollo de un proyecto de vida y elementos de seguridad social. Además de ser un sistema altamente individualista en sus abordajes de intervención, carente de un componente realmente comunitario y de relaciones entre personas.

  • Crisis emocional en contexto de pandemia y responsabilidad política.

Es esperable que en medio de una pandemia se sienta miedo, preocupación, ansiedad, rabia, angustia, nerviosismo, alteración del sueño, irritabilidad, dificultades para concentrarse y confusión, pues estamos viviendo una situación para nada fácil.  Es súper necesario dejar de negar, minimizar e invalidar nuestras emociones, pues estamos en medio de una crisis sanitaria, lo cual resulta complejo e incierto en muchos aspectos, y estas respuestas son más bien adaptativas.

Debemos primero que todo validar lo que sentimos, cuestión que se vuelve compleja con la gestión del régimen en el poder y los medios de comunicación empresariales, que han hecho un flaco favor a que nos culpemos y nos cuestionemos unes a otres, sin asumir las responsabilidades políticas que existen tras el mal manejo de esta crisis y las nulas garantías sociales.

También hay efectos que pueden volverse más complejos, aquí nos encontramos con problemas adaptativos, del ánimo, por estrés, de ansiedad, abuso de drogas e intentos de suicidio o el suicidio. Si a esto sumamos la violencia de la que son víctimas las mujeres y niñez en sus hogares, todo es más complejo. Pero, ¿qué medidas se han tomado para hacer frente a esta situación? Ninguna efectiva.  En un contexto como el actual debe ser fundamental conocer las ayudas que hay disponible y el reconocer las situaciones de malestar intolerable, para saber cómo o cuándo debemos de ir en busca de ayuda para evitar que ese malestar se cronifique.

  • Salud mental y determinantes sociales

Resulta complejo pensar en salud mental en un contexto como el actual, donde muchas personas no ven protegida su salud física y tampoco ven satisfechas las necesidades más básicas. Claro que no se trata de una cuestión que se esté dando exclusivamente en el actual contexto de crisis sanitaria, es un tema que responde a determinantes sociales que afectan directamente en la salud mental, donde las más violentas -indudablemente- son la pobreza, la desigualdad y la segregación.

Cientos de trabajadores experimentan el temor al contagio, a contagiar a su familia y al despido, estando imposibilitados de realizar una cuarentena efectiva frente la necesidad básica de alimentación. El gobierno de los empresarios ha centrado su interés en apoyar a las empresas, por sobre les trabajadores. Miles de personas han perdido sus fuentes laborales, han visto reducidas sus horas de trabajo y con ello su sueldo, otros están actualmente sobreviviendo con sus propios ahorros, tras la “ley de protección al empleo” que permite que las empresas no asuman responsabilidad para con les trabajadores (con les cuales se han llenado los bolsillos).

En la misma línea de la desigualdad, nos encontramos con una determinante social que afecta en el contexto de confinamiento, y es el problema de las viviendas en Chile. Las cuales son sumamente deplorables, de pequeño tamaño, producto de políticas de vivienda social completamente privatizadas, apuntando a la producción de la mayor cantidad de hogares en el menor espacio posible y con baja inversión en materiales de calidad, áreas verdes y de equipamiento social. Es menester considerar que estas viviendas son históricamente desplazadas a sectores periféricos de la ciudad, lo que les impide a sus habitantes acceder a una serie de servicios, además de la estigmatización que ocurre con estos sectores, a los cuales les cuesta aún más conseguir empleo. En esos espacios y bajo esas condiciones son llevadas las cuarentenas.

  • Desafíos

Es urgente pensar una estrategia efectiva que permita mejorar las condiciones de vida de las personas en términos de salud mental, en las diversas áreas de la vida. Una tarea urgente es que en nuestros territorios, en los espacios en que nos organizamos, en nuestros trabajos y en los contextos escolares, se trabaje y se dé prioridad al manejo de las emociones, debe dejar de ser un tema secundario o menos importante. El que podamos aprender a reconocer, manejar y expresar nuestras emociones a temprana edad, influye inmensamente en la regulación de actividades, en las conductas de les seres humanes y sus relaciones.

Dentro del contexto laboral poder fortalecer y/o generar sindicatos, donde la mejora por las demandas materiales vayan acompañadas por un fuerte trabajo en pos del bienestar subjetivo de les trabajadores.

Es relevante avanzar en la participación de los sujetos colectivos, generando procesos más complejos que permitan y apunten a una incidencia directa de la comunidad a la hora de mejorar las determinantes sociales, permitiendo así mejorar las condiciones que inciden directamente en la salud mental, pues estar bien no es una cuestión de voluntad, es mucho más complejo y está enraizado en su condición de pobreza, desigualdad y segregación.

Fuente:

  • Encuesta Nacional de Salud (ENS) (2016-2017).
  • Plan Nacional de Salud Mental (2017).

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