Abortar en Chile: la negación del derecho a la autonomía y conocimiento de nuestros cuerpos

Voces Militantes

Por Tamara González

Militante de Izquierda Guevarista de Chile

“El cuerpo de la mujer es la última frontera del capitalismo.

Quieren conquistar el cuerpo de la mujer porque el capitalismo depende de él.”

Silvia Federici

 

Eternamente nos han cargado el rol de la maternidad por nuestra “capacidad” reproductiva, en la biologización de un rol social que nos intentan imponer. Solo por nuestro género asignado al nacer el cual conlleva una carga social e histórica, nos han posicionado a lo largo del tiempo con el rol de concebir, tener hijes y ser máquinas reproductoras para el capital, negandonos eternamente el derecho de decidir, negando la autonomía de nuestros cuerpos, impidiendo esa capacidad de optar por lo que queremos o no en nuestras vidas.

No puedo pasar por alto la violencia sexista que vivimos mujeres y disidencias en torno a los derechos sexuales y reproductivos, partiendo por la negación histórica del control de nuestros cuerpos desde que nacemos y comenzamos a habitar este mundo marcado por el capitalismo y el patriarcado que ya ha decidido cuál es nuestro rol, nuestros derechos, lo que es “moralmente correcto”, lo que está bien, lo que no, que conducta es válida o socialmente aceptada. Todo esto está marcado, claro, bajo la dominación de clase, racial, colonial, que llevan aún más a la discriminación e invisibilización que prima ante cualquier hecho al cual nos vemos sometides a lo largo de nuestras vidas.

Nos niegan una real educación sexual. Podemos observar que en el ámbito educativo se aborda la sexualidad sólo de una manera biologicista, medicalizada en donde tampoco existe una concientización de todo lo que implica la sexualidad; en donde todo se limita al ser mujer – hombre y se desconocen a los otros géneros y sexos, negandoles el control de sus cuerpos, desconociendoles. Queda en evidencia un sistema de salud y educativo que se sostiene por sobre nuestros derechos, que se siente con la autoridad sobre el que hacer de mujeres y disidencias, sobre el derecho de decidir si queremos tomar hormonas o no, cuestionando la decisión de muches disidentes sexuales y de género al optar por un tratamiento hormonal o quirúrgico. Nos niegan información y servicios. No somos libres para tomar nuestras propias decisiones de salud sexual y reproductiva, y después se nos responsabiliza y culpa cuando queremos ejercer libremente nuestro derecho a decidir.

A lo largo de nuestra vida partiendo desde la niñez o adolescencia, nos vemos sometides a un cóctel de hormonas para hacer frente a nuestra reproducción sexual o para tratar patologías reproductivas, a les niñes intersexuales se les somete a cirugías de reasignación de sexo las cuales pueden ser asignadas de manera equivocada y también son sometides a hormonizaciones forzadas para reafirmar esa reasignación de sexo, que pueden traer múltiples consecuencias para sus cuerpos, además de que son médicos quienes deciden y toman la decisión del sexo se les asignará.

Se nos carga la responsabilidad de cuidado reproductivo a quienes podemos gestar y se cuestiona a quien se embaraza y “no se cuido”. Estamos marcades por el Patriarcado. Recibimos felicitaciones cuando menstruamos por primera vez: la sociedad decidió que la “niña” ya es “mujer” y nos cae todo ese peso de la carga social que han decidido que involucra el “ser mujer”, con tan solo 10, 11 o 12 años. Muchas veces puede que no comprendamos nada, pero tenemos arraigado en el inconsciente que ya podemos quedar embarazadas y no necesariamente todo lo que eso trae consigo lo que es gestar, parir, criar. Cargamos con una responsabilidad social, en muchos casos con nula educación sexual, sin comprender el proceso interno que está pasando en nuestros cuerpos, enemistandonos de nuestros ciclos hormonales, haciéndoles desconocidos, desconociendo por completo el cuerpo que habitamos.

Nos hemos visto relegades de la capacidad de conocer y saber a profundidad los cuidados de nuestro cuerpo, partiendo por los métodos y la medicina utilizadas por nuestras ancestras o pueblos originarios. Aún cuesta acceder a todo este tipo de información, la cual nos podría entregar un sin fin de conocimientos que nos permitiría escuchar más a nuestro cuerpo, reconectarnos y saber que es lo que nos pasa. Podríamos hacer tantas cosas pero no tenemos como, además de ser métodos que se miran con cierto recelo. En cambio podemos acceder mediante los servicios de salud públicos o privados a métodos anticonceptivos, a la medicina convencional en donde nuevamente no obtenemos un conocimiento a cabalidad de estos – nos recomiendan pastillas anticonceptivas sin ningún examen hormonal para saber cual es la acorde a nuestros cuerpos, inyecciones hormonales de la misma manera aunque son una bomba hormonal. Desconocemos plenamente lo que estos tratamientos le harán a nuestros ciclos y cuerpos. Además, muchos de  los métodos a los cuales podemos “optar” nos pueden traer una serie de efectos secundarios a largo plazo de uso que desconocemos al tomar nuestra decisión:  alteración a nuestros ciclos reales, ausencia de menstruación, cáncer de mamás, cáncer cervico uterino, cáncer de hígado, problemas cardiovasculares, accidentes cerebro vascular, además de provocar una disminución en el libido sexual. Estas son algunas consecuencias que podrían estar entre los efectos secundarios.

Hay que mencionar que también se nos niegan otros métodos anticonceptivos solo por ser mujeres. En Chile hasta el año 2002 existía una ley que  exigía requisitos a las mujeres que quisieran esterilizarse, poniendo un sin fin de trabas como tener un mínimo de cuatro hijos vivos, ser mayor de 32 años y contar con un consentimiento informado del marido, lo que reafirmaba la condición de voluntariedad del procedimiento. Nuevamente nos hacen ver que su autoridad estaba por sobre nuestros cuerpos y capacidad de decidir. Podríamos creer que al ser derogada la ley y todo lo que esta establecía, habrían acabado las negaciones por parte de los servicios de salud, pero no es así, siguen existiendo barreras para acceder a la esterilización femenina. Los prestadores de salud niegan la disponibilidad del servicio, por sus creencias personales y su descaro de creer que pueden decidir por sobre el otre, estableciendo cuestionamientos a las/les solicitantes, poniendo trabas con la edad: “eres muy joven”, “después te puedes arrepentir”. Mienten sobre esterilizaciones supuestamente realizadas tras un parto en donde se solicitó el procedimiento, sin realizarlas efectivamente, condenando a personas que tienen la capacidad de gestara embarazos no deseados en un futuro. Comparando la realidad de un hombre cis que puede pedir una esterilización, al asistir a un centro de salud no sufre ningún tipo de cuestionamiento por parte del personal médico, quien le entrega información y todo es de más rápido acceso.

Existe un control del conocimiento de nuestros cuerpos, creando relaciones médico-reproductivo-autoritarias y violentas.

Realidad del Aborto legal en Chile

Según cifras publicadas por el Ministerio de Salud (MINSAL), en el país se realizan más de 33.000 abortos por año, un aproximado de 90 abortos diarios en promedio. Amnistía Internacional redondea la cifra entre 60.000 y 70.000 abortos al año, mientras que  el Instituto Chileno de Medicina Reproductiva sitúa un promedio de 160.000 abortos anuales.

La Mesa de Acción por el Aborto menciona que la cantidad de abortos está entre los 80.000 a 260.000 casos anuales, destacando que solo un 3% de los procedimientos que se realizan se encuentran bajo la ley de aborto en tres causales. por otra parte, la Asociación Chilena de Protección de la Familia (APROFA) señala que el aborto en tres causales  representa el 3-5% de los abortos realizados en Chile.

Aún si las cifras no pueden ser exactas debido a la frecuente clandestinidad del aborto, resulta evidente que es un procedimiento frecuente, y que la mayoría de las veces ocurre en la ilegalidad.

En septiembre del año 2017, entró en vigencia la ley 21.030 que regula la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales: riesgo de vida de la madre, “inviabilidad del feto” y “violación”. Según cifras entregadas por el MINSAL de los procedimientos realizados desde que entró en vigencia la ley hasta septiembre del 2019, en Chile se han realizado solo 1.084 interrupciones de embarazo, siendo 447 por riesgo de vida de la madre, 462 por inviabilidad fetal y 175 por violación.

Existen 69 hospitales habilitados para realizar prácticas de abortos a lo largo del país dentro del marco legal. En 41 hospitales, la mitad o más de los médicos son objetores de conciencia en alguna de las tres causales. Esta llamada “objeción de conciencia” en la realidad concreta les faculta para no cumplir la ley y no realizar procedimientos de interrupción en cualquiera de las tres causales, pueden realizar la objeción de conciencia; médicos obstetras, anestesistas, matronas y paramédicos.

Aquí entra en juego todo: el protocolo señala que cada recinto hospitalario habilitado para realizar el procedimiento debe contar con un médico que no sea objetor, que este en el recinto de lunes a viernes y los fines de semana debe tener a alguien quien pueda cubrir esos turnos, y no se puede negar la atención después de entregar la información relevante que el paciente debe conocer, pero en la realidad concreta eso no es así, de la totalidad de médicos obstetras que son contratados por hospitales públicos, la mitad se ha acogido a la objeción de conciencia individual en al menos una de las tres causales.

Ciper indica que 41 establecimientos de salud, que deben derivar pacientes a otros hospitales por causal de violación porque todos sus médicos son objetores de conciencia. Las cifras en regiones son alarmantes. En Maule y O‘Higgins más del 80% del personal médico es objetor de conciencia por  causal de violación  y en la Araucanía más del 75%.

En Cauquenes no pueden atender ningún caso de aborto, ya que todos los anestesistas y técnicos paramédicos se han declarado objetores en las tres causales.

Me pregunto ¿por que un profesional del área de la salud tiene que anteponer sus creencias, morales, políticas o por el motivo que sea por sobre la decisión de otra persona, del que hacer con su cuerpo?No es ético que se nieguen a brindar atención a quienes juraron atender, mucho menos violentarles ni dejarles a la deriva. Me parece que el invocar objeción de conciencia por violación es normalizar el abuso y las violaciones, obligando a niñes y gestantes a proseguir con embarazos no deseados, vulnerando todo tipo de derechos y libertades.

La ley contempla como derecho que la mujer esté acompañada en el proceso, que deben explicarle en qué consiste y qué debe esperar, que sea asistida en el momento de la expulsión, pero nadie fiscaliza esto y nuevamente existe la vivencia de la violencia sistemática del peso y carga social por abortar.

La Ley también le exige a los obstetras tres pasos claros que deben seguir una vez constituida la causal: informar a la mujer sobre todas las opciones que tiene;  respetar y no influir en su decisión e independiente de cuál sea ésta; ofrecer el programa de acompañamiento — exigencias que son vulneradas en muchos centros asistenciales, en donde se nos abandona, cuestiona y en muchos establecimientos no se llevan a cabo los programas de acompañamiento.

Aborto en la ilegalidad

Recordando las cifras anteriores de la totalidad de abortos que se realizan anualmente en Chile, podemos inferir que más del 90% se realiza de manera clandestina, en nuestras casas, consiguiendo los medicamentos en el mercado negro de pastillas, no dentro de las causales que ponen miles de trabas y cuestionamientos a las personas que intentan acceder a su derecho.

La ilegalidad del aborto libre trae consigo una serie de factores que hay que considerar. En primer lugar nuestra salud, el aborto clandestino conlleva un tráfico  de pastillas y la existencia de un mercado negro que está dispuesto a todo mientras juega con nuestra angustia y desesperación, entregando dosis incorrectas, pastillas falsas, jugando con el futuro y la decisión de esa persona. Vale decir que la dosis correcta y segura según la OMS es de 12 misos de 200mcg o la otra opción son 1 mife de 200mg + 6 misos de 200mcg vía sublingual, nunca menos. Vendiendo dosis distintas lucran con la desinformación, aprovechándose de la clandestinidad.

Hemos podido evidenciar durante la pandemia como este mercado negro se ha visto incrementado por la escasez de miso. En estos tiempos, encontrar una dosis puede llegar a los 200 o 300 mil pesos, casi un sueldo mínimo. Pienso todo lo que esto genera: angustia, depresión, desesperación, rabia, pena y embarazos no deseados que tendrán que llevarse a cabo. En algunos casos he visto a compas obligades a maternar sin querer hacerlo porque no tenemos la libertad de decidir si queremos porque el sistema nos niega el derecho al propio cuerpo.

No deberíamos tener que vivir abortos clandestinos. no es un proceso ameno, es un proceso invasivo para nuestro cuerpo, en muchos casos dolorosos, nos vemos enfrentades al miedo y la incertidumbre. Somos las mujeres y disidencias pobres quienes ponen en riesgo su vida realizando tratamientos en la clandestinidad, teniendo que vivir muchas veces estos procesos en completa soledad, enfrentándonos a la desinformación de lo que está ocurriendo en nuestro cuerpo, teniendo que callar si llegan a existir complicaciones, pues nos podemos exponer a procesos judiciales en el caso de que nos descubran. Porque no tenemos el dinero, para realizar procedimientos seguros en clínicas y camuflarlos como cualquier tipo de intervención quirúrgica, porque tenemos que enfrentar raspajes con alguna persona que haga el procedimiento de manera ilegal, asumiendo todo lo que eso puede generar.

Deberíamos poder contar con educación sexual real, con un acceso a la salud más ameno y gratuito. Acabar con la violencia obstétrica, con los tabúes y los miedos. Pero mientras exista el aborto clandestino necesitamos crear redes de apoyo y acompañamiento, de autoconocimiento y entrega de información, que puedan estar ahí para quien lo necesite.

El aborto debe ser libre, seguro y gratuito porque somos las mujeres y disidencias de nuestra clases quienes morimos, enfrentamos la cárcel o simplemente somos obligades a parir.

Porque no somos máquinas reproductoras que fabrican trabajadores y mano de obra barata, porque el Estado y el capital quieren que tengamos hijes para su conveniencia, porque nos ven como fuentes de acumulación de sus riquezas y si el aborto fuera libre perderían ese control que tienen sobre nosotres y nuestro cuerpos, porque les importa solo cuando estamos a merced de sus servicios, pero no cuando esos niñes terminan sumidos en la miseria y en la pobreza.

Porque maternar debe ser una decisión propia, porque la crianza es mucho más que tener hijes y ya, porque debemos pensar en una crianza amena y en comunidad, en donde todas y todos tengamos un rol , pero por sobre todo siempre, siempre debe ser deseada.

 

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