Aniversario de la Revuelta Popular de Octubre

Coyuntura Política

Por Izquierda Guevarista de Chile

Octubre de 2020

1. La Revuelta Popular de octubre 2019 cambió la historia de este territorio de aquí en adelante. A ya un largo año de iniciada la movilización, sostenemos que la extensión, masividad y radicalidad de la lucha popular y clasista son lo más significativo de este nuevo ciclo político, perdurando como saldo histórico en este nuevo período de luchas de clases.

2. En concreto, la Revuelta Popular provoca un avance importantísimo de la consciencia de clase y la identidad de un sujetx popular muy presto al combate; la movilización radical de masas y la violencia popular como un medio necesario y legítimo para amplios sectores de la sociedad; la organización popular y un avance en el rearme de los tejidos territoriales; una identificación muy potente y masiva con las luchas históricas y presentes del Pueblo Mapuche; una consolidación de las luchas feministas y antipatriarcales; y un sentimiento de hostilidad contra las fuerzas represivas -sobre todo de Carabineros- totalmente generalizado y que ya no tiene vuelta atrás. Asimismo, uno de los componentes más característicos de la Revuelta Popular viene dado por la ruptura del “monopolio” de la violencia en manos del Estado. En efecto, uno de los aspectos centrales de la conservación del poder en manos de la clase dominante se relaciona con el reconocimiento y la aceptación explícita por parte de la sociedad de que el uso de la violencia, como dispositivo material de poder, solo puede ser “legítimamente” utilizado por el Estado. Lo anterior termina de quebrantarse de manera abrupta a partir del 18 de octubre.

3. El 18 de octubre 2019 se desató una incalculable fuerza popular que se coloca en movimiento, la cual venía desarrollándose desde a lo menos dos décadas mediante múltiples, intensas y -muchas veces- enormemente extensas luchas de masas, por lo general con un carácter sectorial, golpeando y cuestionando durante todo este tiempo al régimen político de democracia restringida, los partidos políticos del sistema y sus representantes y el modelo económico de acumulación capitalista. Desde esta mirada histórica, no hay espontaneidad el 18 de octubre, sino el salto cualitativo de una fase dinámica y ascendente de luchas populares a un período de luchas de clases más abiertas, directas y agudas que el que lo precedió.

4. La crisis de hegemonía del régimen político se ha expresado, desde la revuelta, como abierta crisis de dominación. Es decir, la imposibilidad por parte de la clase en el poder de imponer su fuerza a la vez que instala sus ideas, valores, normas y prácticas sociales -hegemonía-, se profundiza en la incapacidad general para obligar a las clases explotadas y oprimidas al sometimiento, ni por la coerción ni por el consenso. Hoy día asistimos a una crisis política de dominación del régimen burgués, la cual se expresa en una significativa inoperancia del aparato de dominación acorralado por el malestar popular y el ejercicio extensivo de la protesta de masas.

5. Ahora bien, dicha crisis de dominación parece no presentar una “resolución” de tiempo corto ni mediano, quedando pendiente y extendido el desenlace de la siguiente trama: asimilación y reparación del sistema de dominación v/s ruptura y desmoronamiento del mismo. En la primera de las vertientes se juega el elemento estratégico del así llamado “proceso constituyente” por parte del bloque dominante, más allá de la contingencia “Apruebo – Rechazo”, como la única -o la mejor- “salida” viable a la crisis, conservando el dominio y el control hegemónico del poder en todos sus niveles. Mientras que, en la segunda, se juega la posibilidad estratégica de la apertura de un proyecto popular con perspectivas revolucionarias, independiente y enfrentado al enemigo de clase. Igualmente, trascendente por mucho a la contingencia plebiscitaria. Destacamos que, de fondo, para el régimen está en juego su re-legitimación y con ello su continuidad histórica como sistema -en medio de una crisis profunda y estructural-, mientras que para nuestros pueblos está en juego la profundización y extensión del movimiento popular y la lucha de clases.

6. No nos hacemos ilusión alguna frente al itinerario electoral diseñado en los marcos del Acuerdo por la Paz. Los límites de la democracia burguesa, para los pueblos expoliados, son en extremo claros: no habrá transformación profunda en las formas y condiciones de vida para los pueblos trabajadores y dominados, sino en la medida que el movimiento popular empuje la lucha -decidida y radicalmente- contra el capitalismo, el patriarcado y el Estado colonial que oprime a los pueblos originarios. Al respecto, entendemos claramente que el sepulcro de la vieja Constitución es producto de la lucha popular, y no negamos ni desconocemos que una parte muy importante del pueblo trabajador aspira a ver enterrado uno de los resabios más significativos de la dictadura cívico-militar. Sin embargo, debemos plantear de manera categórica que ni el “proceso constituyente” ni la nueva Constitución Política de la República darán respuesta a las legítimas aspiraciones que los pueblos chileno, mapuche y grupos sociales oprimidos y explotados por el Estado nación chileno esperan que se cumplan en lo inmediato.

7. A contrapelo de las -relativamente aparentes- “mayorías” sociales y políticas, debemos sostener con claridad que no existen Asambleas Constituyentes “democráticas”, “populares”, “libres” y/o “soberanas”. Exceptuando cuando son los pueblos mismos -una vez desalojada la clase dominante y destruida su maquinaria de opresión y represión- las que asumen la organización de una nueva sociedad libre y emancipada. La democracia, por tanto, solo es posible mediante el triunfo revolucionario o en medio de la construcción de un poder popular y revolucionario, autónomo y antagónico respecto al Estado y toda forma de explotación, opresión y dominación social, política o económica. En cualquier caso, el asunto nos remite indefectiblemente al problema de la revolución, la liberación y el poder de clase, cuestión que no está en el centro de las coyunturas actuales, sino más bien se proyecta como rumbo estratégico.

8. Todo esto ocurre en medio de una profunda crisis de la democracia burguesa, liberal o representativa, que tiene al menos 10 años de desarrollo. Crisis que, por cierto, va mucho más allá de las fronteras del Estado chileno. En casi todo el mundo occidental y “moderno”, este tan importante mecanismo de dominación -contención político-electoral- viene retrocediendo como dispositivo de cooptación popular. La razón es simple y no requiere mayor análisis: al mundo contemporáneo le parece cada vez más obvio y claro que es un simple instrumento de poder diseñado para conservar los estatus, el cual, mediante el juego electoral, en muchos lugares ha devenido en un miserable show operando como una suerte de sistema de “rotación” de agentes políticos, sin alterar en absoluto ni los regímenes políticos ni el sistema económico. Aquello nos plantea, como campo revolucionario, el problema de lo “electoral” ya no como un simple problema de tipo “táctico”, como clásicamente se aborda desde el leninismo -para lxs marxistas- o el plataformismo -para el anarquismo-, sino, por el contrario, como un problema de tipo estratégico, pues tiene que ver, a la larga, con el cómo enfrentamos los sistemas políticos estructurados para el desmantelamiento de las demandas populares, los cuales hoy en día se encuentran totalmente agónicos y caducos frente a amplísimos sectores de la población.

9. No nos oponemos -ni nos preocupa- la voluntad de quienes irán a votar el día 25, sabemos que lo realmente importante se está jugando actualmente en la capacidad de instalar y extender la necesaria actitud y práctica crítica que debemos tener frente a la democracia burguesa y sus diferentes argucias y artimañas, las que siempre son utilizadas en función de retener el poder y, mediante ello, la dominación de clase. El camino de la organización y la movilización popular es el único que nos permitirá ir asentando la fuerza necesaria para derribar a la barbarie que arrasa con la humanidad y todas las formas de vida que habitan en el planeta. No nos engañamos: la democracia burguesa que fue una mentira, lo seguirá también siendo hoy y mañana.

10. Por lo tanto, como organización política revolucionaria no participaremos de ningún modo en las campañas electorales hoy enfrentadas. No nos representan ni los grupos reaccionarios y fascistas aglutinados en el “rechazo” ni las fuerzas del sistema -ex Nueva Mayoría y Frente Amplio, ambos conglomerados semi destruidos por sus propias contradicciones- que buscan salvar al régimen que les da de comer y los encumbra hasta la cima de los privilegios de clase. Nadie más que los pueblos organizados y movilizados pueden representarse a sí mismos. La verdadera oposición está en las calles, mientras en el parlamento no hay más que meros títeres del sistema.

11. Lo decisivo tendrá que ver con la reproducción y fortalecimiento de las dinámicas de movilización popular, en sus formas de lucha radical y frontal. Nuestro esfuerzo táctico y estratégico seguirá volcado en lo que consideramos lo más importante y central en medio de esta coyuntura, ciclo político y nuevo período de lucha de clases: el fortalecimiento de la organización popular, clasista y autónoma, y la movilización radical de masas ofensiva y confrontacional. En nuestra perspectiva, lo más importante de este nuevo y agudo ciclo de lucha no se juega en los estrechos pasillos de la institucionalidad burguesa. Muy por el contrario, está dado por el salto cualitativo, en términos prácticos y subjetivos, de la consciencia de la clase trabajadora, principalmente del pueblo pobre y grupos sociales oprimidos por el Estado, el capital y el patriarcado. Todo esto, en aras del desarrollo de una fuerza popular y de clase que sea capaz de pasar por encima del pacto constituyente y arrancar la mayor cantidad de demandas posibles a los dueños del poder y la riqueza.

12. Entendemos que, como resultado del desate de la Revuelta Popular, el Estado burgués responde de la única forma que pudo haberlo hecho -y lo seguirá haciendo-: con represión brutal, asesinatos, torturas, violaciones y abusos sexuales, violación sistemática de los Derechos Humanos, persecución política y prisión política contra quienes se movilizan, o incluso, contra la población en general como aplicación concreta del terrorismo de Estado. En este sentido, nuestra principal causa insoslayable es luchar por la libertad de todxs lxs presxs políticxs, quienes hasta el día de hoy se encuentran secuestradxs en las mazmorras del Estado capitalista, patriarcal y colonial.

13. Pensamos y apostamos que el elemento planteamiento político y plan político del pueblo -“pliego popular”, “plataforma de lucha”, etc.- provendrá principalmente -mas no exclusivamente- del desarrollo cualitativo y cuantitativo que logren alcanzar las asambleas territoriales, sus procesos de articulación y maduración política. En gran medida, en términos históricos, dicha posibilidad viene derivada -es resultado de- la mantención y profundización del actual ciclo de luchas de clases que hemos venido señalando.

14. La posibilidad por parte del movimiento popular de avanzar y profundizar como proyecto político se relaciona, de manera fundamental, con la continuidad y desarrollo del movimiento feminista en un sentido clasista, anticapitalista, antiimperialista, anticolonial y disidente. De cierta manera, esta es la vara principal de su profundidad y alcance porque es la expresión de un proyecto emancipatorio y de liberación de los sectores sociales mayormente explotados, oprimidos y expoliados: las mujeres y las disidencias sexuales. Y por lo tanto, la base indispensable de una revolución total, o sea radical, sin exclusiones ni nuevas opresiones.

15. La mantención y agudización de las luchas por parte del pueblo trabajador chileno, sumado al desarrollo de las luchas autonómicas y radicales por parte de las comunidades mapuche movilizadas, constituye para el Estado chileno un conflicto estratégico de múltiples frentes. En este sentido, vale la pena apuntar que, en términos de confrontación, de octubre hasta el inicio de la pandemia, el Estado se reveló completamente impotente para responder ante estos frentes simultáneos, lo cual ofrece nítidos indicios de escenarios más que esperables en el período histórico actual.

¡Libertad a lxs presxs políticxs!

¡La única oposición al régimen está en las calles!

¡A seguir fortaleciendo el movimiento popular y la organización de los pueblos!

¡EN EL CAMINO DE REVUELTA!

¡LA LUCHA CONTINÚA!

  

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