25 de Noviembre día Internacional de la Eliminación de la violencia contra las mujeres

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Resulta insólito que estando en el año 2020, tras una larga historia de lucha por igualdad, por el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, contra todas las formas posibles de violencia, que han sido defendidas por nosotras mismas, en la calle, en nuestros lugares de trabajo y hasta en nuestros propios hogares, alzando la voz contra el patriarcado y contra sistema capitalista que nos precariza doblemente por ser mujeres, la violencia hacia las mujeres se mantenga y tengamos el temor de ser agredidas y hasta asesinadas. 

Hoy 25 de noviembre ‘Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer’, enmarcada en un hecho histórico en el año 1960, donde las hermanas Mirabal fueron brutalmente asesinadas por ser mujeres y activistas, por la lucha de sus derechos contra el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo. Durante el primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe del año 1981 se propuso reconocer el día 25 de noviembre como el día contra la violencia hacia las mujeres. Luego, Asamblea General de las Naciones Unidas adopta en el año 2000 la resolución que designaba el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, quienes desde institucionalidad la han reducido al género, dejando de lado la cuestión de clase y el racismo, pues no es lo mismo la violencia que vive una mujer rica a una mujer pobre, y tampoco es lo mismo ser mujer blanca a mujer negra o indígena. También nuestro feminismo es con perspectiva disidente, pues reconocemos a todas aquellas que se identifican mujeres más allá de su sexo biológico. 

Pero la situación está lejos de acabarse, muy por el contrario hoy por hoy el Estado persigue a quienes se organizan y luchan, y ha encarcelado a aquellas que alzaron la voz tras la revuelta popular de octubre. 

Existen distintos tipos de violencia a las cuales nos vemos enfrentadas: psicológica, física, económica, sexual, obstétrica, etc. Día a día vivimos con el temor de ser violentadas en las calles, en nuestros trabajos o en los lugares que frecuentamos, vivimos el temor de vernos o ver a otra mujer sufriendo las distintas formas de violencia a las que nos vemos sometidas. Si bien todas las formas de violencia que vivimos son brutales, las cifras de femicidios sin duda nos atormentan y nos preocupa cuando vemos que aumentan. En Chile, entre el 1 de enero y  el 25 de noviembre del presente año el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género registra 35 femicidios en Chile, mientras que la Red Chilena contra la violencia hacia las Mujeres agrega 9 casos más, dando un total de 44. Además, a este dato se suma 135 casos de femicidios frustrados. 

Durante este último año hemos tenido que estar sometidas en nuestros hogares, por largos periodos de tiempo, debido a la contingencia de salud, siendo testigo del aumento de llamadas a los números de orientación y ayuda para mujeres víctimas de violencia, muchas compañeras buscando un lugar seguro para poder salir de sus hogares tras encontrarse en peligro, siendo víctimas de alguna forma de violencia, donde el distanciamiento físico limita las redes de apoyo. También la cuarentena trajo consigo el aumento y el cansancio tras el tener que compatibilizar el trabajo asalariado, el domésticos y la crianza, lo cual sin duda resulta altamente violento, pues todavía en nuestra sociedad existe una marcada división de roles y un nulo reconocimiento a estas dos últimas formas de trabajo. 

Es por esto que se han levantado diversos espacios territoriales para hacer frente a la violencia, como métodos de ayuda a nivel territorial. Creemos firmemente en la necesidad de crear redes de autocuidado para mujeres víctimas de violencia, en la necesidad de tener espacios seguros a los que recurrir, en donde en los diversos territorios tengamos la capacidad de ser una zona de confort y seguridad para quienes lo necesiten, donde podamos caminar tranquilas por las noches y  donde dejemos de sentir que las mujeres siempre hemos vivido en toque de queda, pues no se nos ha permitido salir libres y tranquilas por el miedo de que podamos sufrir algún tipo de agresión, donde no debamos pensar en recurrir a esto o lo otro en caso de estar siendo víctima de violencia en nuestros hogares o por alguien de nuestro entorno, en donde podamos apoyarnos y esperamos algún día estar tranquilas.

Somos conscientes de la necesidad de ser libres, de poder tomar nuestras propias decisiones, queremos que nos dejen de juzgar y que dejen de sentirse dueños de nuestros cuerpos, de nuestra voluntad y de nuestro quehacer, estamos cansadas de ver que a diario hay mujeres que mueren a manos de sus femicidas como si a nadie le importara, o cuando vamos a parir y el personal de salud se siente con la necesidad de violentarnos con frases como “No te gusto abrir las piernas, ahora te aguantas”, “ Si no sale en la próxima contracción,te corto” o cuando te ponen Oxitocina para inducir el parto sin ni siquiera preguntarte o cuando nos vemos enfrentadas a la otra vereda de querer decidir sobre nuestro cuerpo y no querer gestar, si bien existe el aborto legal en tres causales,  tenemos que enfrentarnos a miles de trabas a un posible objetor de consciencia, sumándole que no es una decisión libre y la mayoría de los abortos realizados en Chile se hacen en la insegura clandestinidad. Podemos también hablar de las condiciones de las mujeres y disidencias privadas de libertad quienes sufren la violencia del sistema por nacer pobres, con falta de oportunidades, hace un par de semanas una compañera comenzó su proceso de parto en su celda, le negaron la atención médica en cuatro oportunidades, dejando en clara evidencia la vulneración de derechos a gestantes dentro de la cárcel. No podemos olvidar la precarización, la invisibilidad a la que se ven sometidas las mujeres que deciden ejercer el comercio sexual, quienes viven en situación de calle, mujeres migrantes, todas quienes quedan relegadas al margen y merced de este sistema. 

Por último y no menos importante no podemos olvidar y dejar de mencionar a las disidencias sexuales, quienes se ven sometides a la violencia sistemática, machista y patriarcal a la que nosotras nos vemos enfrentadas a diario, es terrible y lamentable que se les persigue, tortura, discrimina, violenta y se les mata por ser disidencias sexuales. Se les invisibiliza y segrega de diversos espacios, se les niega el acceso a salud, se les dificulta y se les pone miles de trabas y como si fuera poco cuando ocurre algo terrible pocas son las voces que se alzan. O pocas son las voces que se sienten sus aliades para conseguir o exigir dignidad, puestos de trabajos, respeto, igualdad y se nos pueden quedar tantas cosas en el tintero. Pero si de algo estamos convencidas es que nuestro Feminismo es de clase y disidente, vemos la articulación con organizaciones disidentes como una tarea pendiente e importante para hacer frente a este enemigo poderoso que nos oprime y reprime día a día. Nunca más sin las mujeres y las disidencias sexuales.

 

¡A levantar espacios seguros, autónomos y de clase, para las mujeres y las disidencias sexuales!

¡No estamos todas faltan las presas!

¡Contra el Patriarcado Feminismo disidente y combativo!

 

25 de Noviembre 2020.

 

 

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