Hacia la revuelta feminista

Feminismo

El último año ha sido particularmente desigual y complejo para las mujeres y las disidencias sexuales y de género debido al contexto de pandemia, en el cual nos hemos visto enfrentades a niveles aún más altos de violencia. Durante los primeros meses de la emergencia sanitaria, los llamados a las líneas telefónicas dispuestas para dar orientación en caso de violencia intrafamiliar se dispararon por sobre el 70% en relación al año anterior. Miles de mujeres realizaron llamados para buscar protección, pues sus hogares dejaron de ser un entorno seguro o, lo que es peor, nunca lo fueron, y el estar encerradas en cuarentena con sus agresores se vieron enfrentadas a un peligro aún mayor. Aunque no hayan estadísticas ni líneas de orientación para las disidencias sexuales y de género, también podemos afirmar que nos hemos visto de igual forma sometides a un régimen de violencia más agudo en el contexto del confinamiento, particularmente quienes son menores de edad y han tenido que enfrentar encierros con familias homo-, trans-, lesbo-, o bi-fóbicas.

Sin duda tenemos que considerar los cientos de femicidios que se han cometido en todo el mundo. Si ponemos nuestros ojos en Nuestra América, Colombia fue uno de los países que más reportó casos de mujeres asesinadas por la violencia machista y patriarcal, con un total de 508 casos entre enero y octubre del 2020. En Argentina, se reporta un femicidio cada 23 horas y en Chile el panorama no es muy distinto. Durante el año pasado se consumaron 43 femicidios y 151 femicidios frustrados, y en lo que va del 2021 se han consumado 37 femicidios y 144 femicidios frustrados, sin contabilizar los crímenes de odio hacia las disidencias sexuales y de género, pues no contamos con un número exacto para poder esclarecer todo el horror al que nos vemos sometides.

Hemos sido las mujeres y corporalidades feminizadas quienes hemos tenido que asumir nuevamente, bajo este contexto de crisis sanitaria, las labores de crianza, enseñanza y trabajo doméstico no remunerado, sumado además al teletrabajo, lo cual nos ha obligado a distribuir nuestros tiempos en estas labores, dejándonos en una precariedad aún más aguda. Somos quienes tenemos mayor tasas  de desempleo y menores remuneraciones por horas de trabajo, lo cual genera mayor precariedad laboral y más desvalorización. Una reciente encuesta de la CEPAL menciona que la participación laboral de las mujeres bajó a un 46%, y además proyecta que la fuerza trabajadora de mujeres no retomará sus trabajos remunerados luego de la pandemia, ya sea por crianza o porque los puestos laborales se han reducido considerablemente para las mujeres incluidas en la encuesta. El informe también menciona que 118 millones de mujeres latinoamericanas se encuentran en situación de pobreza durante la pandemia.

Ahora si, queda fuera de esta encuesta y otras similares la situación de las disidencias sexuales y de género, quienes en muchos casos debemos enfrentarnos a una precarización aún más aguda, ya que nuestras corporalidades e identidades no son consideradas empleables por la sociedad cis-hetero. Por ende, muchas disidencias acceden a trabajos informales, incluyendo el trabajo sexual, y se han visto aún más afectades por la crisis. Esto es particularmente preocupante para la juventud disidente y para las disidencias migrantes, cuyos casos se ven complejizados a un mayor punto por la vulnerabilidad legal de les menores de edad y por la falta de papeles de residencia o visa de trabajo, respectivamente.

Sin lugar a dudas, existe un sector de la clase que se encuentra mucho más marginado en nuestra sociedad: las mujeres y disidencias privadas de libertad. El perverso sistema carcelario y judicial chileno no hace más que reforzar el patriarcado y su violencia cotidiana. Una gran parte de las mujeres y disidencias que terminan privadas de libertad en cárceles de mujeres han vivido una vida llena de desventajas, vulneraciones, episodios de violencia, desigualdad social, y pobreza. Las cifras son claras: el 89% de las mujeres encarceladas son madres, teniendo en promedio tres hijes, quienes quedan al cuidado de algún familiar o del Sename, en completa vulnerabilidad pues muchas de estas familias quedan en completo desamparo. Muchas de estas mujeres son el sustento de sus familias y la mayoría cumple condenas por hurto. Un 62% ha sufrido a lo largo de su vida episodios de violencia física, psicológica y abusos; un 71% han sido agredidas por alguna pareja. En este análisis, no podemos dejar de señalar que, si bien las condiciones en la cárcel de mujeres son abismales, las condiciones carcelarias para las disidencias en las cárceles de hombres son aún peores. Las mujeres trans, travestis, marikas y otras corporalidades disidentes privadas de libertad en la cárcel de hombres se ven sometidas a un régimen de violencia absolutamente brutal, de violaciones, abusos verbales y agresiones físicas sistemáticas que han llevado a personas incluso al suicidio. Al salir en libertad, las mujeres y disidencias que han vivido tras los barrotes se encuentran lejos de una mejor condición de vida, más aún, en muchos casos, su situación solo ha empeorado debido al encierro. Ser feministas significa también tomar un posicionamiento anticarcelario, entendiendo que la cárcel es para les pobres, y que nuestra postura debe ser de solidaridad y visibilización de este nefasto sistema, de levantar puentes con les preses, de hacerse cargo de la realidad concreta a la que se ven enfrentadas mujeres, disidencias y niñes en la órbita de la cárcel.

No podemos dejar de lado una discusión sobre temas de salud y como hemos quedado desprotegides también en este ámbito, por ejemplo en la falta de acceso al aborto libre y a métodos anticonceptivos efectivos, y en la dificultad de acceder a tratamientos hormonales y cirugías confirmativas de género. En el caso del aborto, el estado chileno aún penaliza la realización de abortos voluntarios, y en el contexto de pandemia se tornó aún más difícil acceder a Misoprostol para realizar abortos clandestinos, dejando a muchas personas con capacidad de gestar sin la opción de interrumpir sus embarazos. Además, ocurrió más de una vez que pastillas anticonceptivas entregadas a través de consultorios (es decir, las únicas a las cuales tiene acceso nuestra clase) terminaron siendo defectivas, lo que resultó en más de cien embarazos no deseados que, por la penalización que existe en torno al aborto, se deberán llevar a cabo. Por último, debido al contexto de crisis sanitaria, las personas trans han tenido mucha mayor dificultad accediendo a tratamientos hormonales y cirugías de confirmación de género, aunque estos sean tratamientos de primera necesidad. En particular, en el caso de los tratamientos hormonales, los medicamentos muchas veces se encuentran agotados en farmacias comunales y solo se puede acceder a través de farmacias de cadena, donde el precio puede llegar a ser hasta el doble para una dosis.

Como mujeres y disidencias, somos enfátiques en decir que nuestro camino hoy es el de la lucha, el de la Revuelta Popular, aquel que se agudizó en octubre del año 2019. Vemos la lucha en la acción directa, no creemos en huelgas simbólicas. Creemos en la lucha del pueblo, en las calles, no en los espacios institucionalizados donde las candidaturas electorales buscan posicionarse utilizando el feminismo como herramienta de marketing. También estamos convencides de la necesidad de la organización en nuestros territorios y en nuestros trabajos, donde debemos impulsar el fortalecimiento cada vez mayor de la solidaridad y apoyo entre mujeres y disidencias, pues nos cuidamos entre nosotres, no confiamos en el Estado y sus fuerzas represoras, que dedican sus energías a intensificar el control social, a asesinarnos, encarcelarnos por luchar y por defendernos de la violencia machista, y a precarizar nuestras vidas, de igual forma que lo hace la clase dominante.

Ese es el llamado que hacemos: el de retomar las calles, exigir y pelear por nuestra liberación y por nuestros derechos.

¡Por la libertad de todas las mujeres y disidencias preses!

¡A levantar la autodefensa, organización y protesta popular!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *